martes, marzo 22

Una Tragedia

(Nota: Los hechos que narro a continuación lo hago con los ojos y sensaciones de un niño de once años. Tal como lo viví y sentí en aquellos momentos...)


Mi abuela y la tía Mery, desde que tengo uso de razón, no se cansaban de hacerle la vida imposible a mamá. Varias veces, a mamá, la vi llorar y me dolió mucho... Siempre estaban indisponiendo a papá en su contra. Papá, después de trabajar, iba a casa de la tía y al llegar a casa lo hacía lleno de un pésimo humor. Era difícil verlo sonreir, aunque, se mostraba servicial y amable con vecinos y amigos. Bebía los fines de semana y se comportaba como un tonto. Yo, no soportaba sus borracheras, me colocaba en un rincón de mi habitación y cubría mis oídos. Me invadían una mezcla de desazón, miedo y vergüenza... Algunas veces, él, discutía con mamá, daba un portazo y se iba a donde la abuela y la tía...

Papá, la mayor parte del tiempo, se mostraba como una persona centrada y lúcida, pero, a la vez manipulable. La abuela y la tía influían mucho en él. Le decía como tratar a mamá y a nosotros. No le perdonaban a mamá el hecho de haber sido "madre soltera" y de tener ya una hija (Mila) en el momento de casarse con papá. Yo, jamás lo vi, pero me lo contó hace poco una hermana, papá le pegaba mucho y muy fuerte a Mila (mi hermana mayor). Esto provocó un trauma en la espectadora y le perdió el respeto a Papá por mucho tiempo (se llenó de rencor y resentimientos). Muchos años después, Papá, reconoció abiertamente, con la mirada brillosa, su arrepentimiento por haber usado la violencia física y psicológica contra nosotros. Se mostraba sincero, lo decía de corazón, mientras miraba correr y jugar a sus nietos...

En aquel momentos éramos niños, pero, no tontos. Podíamos ver y reconocer la "maldad" en la personas (quienes obraban bien y quienes no lo hacían). Entre hermanos, hicimos un frente común, hicimos un pacto silencioso... Cuando la abuela se acercaba a abrazarnos y darnos mimos, nosotros, correspondíamos a su afecto con la frialdad de un iceberg. Ella lo notaba y se quejaba con Papá. Él no podía mandar en nuestros sentimientos. Sólo después de una severa llamada de atención, recién, "abrazábamos" a la abuela... Ella se entrometía en todo. Quería mandar en casa pisoteando la autoridad de Mamá. Odiábamos, a la abuela, por más que ésta se esforzara en querernos, no le dábamos chance alguno. La llamábamos "Chis", la abuela "Chis" (Chismosa) y hasta alguna vez le deseamos la muerte...

Papá, por su parte, notó que le rehuíamos (ante la presencia paterna mostrábamos temor)... Cris y Paty (las más peqeñitas), poco a poco, doblegaron a la bestia que Papá escondía en su corazón... Y lo transformaron en un tierno minino. Papá se convirtió en un verdadero Papá. Hablaba y escuchaba a sus hijos. Un vuelco extraordinario. Sus borracheras fueron disminuyendo, y ahora, pasaba más horas con nosotros. Nos convertimos en una verdadera familia. La muestras de afecto entre mis padres me trajo una tranquilidad que hace tiempo deseaba. Sin embargo, no fue fácil. La abuela y la tía quería destruir todo ello. No les importaba la felicidad de Papá, Mamá ni la nuestra. Soportamos los embates... Conservamos a Papá y él a nosotros.

Un Domingo de Noviembre... Tenía once años... Muy de mañana. Subo al tercer piso de casa ¿A qué? No recuerdo. Sólo recuerdo que vi a la abuela, sólo recuerdo que ella me miró a mí. No la saludé. La ignoré... Bajé al primer piso. Todos dormían en casa. En su habitación, Papá y Mamá, veían televisión y los acompañé por un buen rato... Alguien golpea la puerta muy fuerte y voy a abrir. Era un muchacho, algo mayor que yo, de cabellos duros, como crines, y de hablar "motoso" que me dice sin el menor tino y delicadeza: "A tu abuelita la ha machucado un carro"... Me quedé helado y de una pieza. Mi cuerpo languidecía. Con pasos temblorosos y el alma en la boca regreso al cuarto de mis papis y les digo lo mismo que me dijeron (tratando de ser cauto en mis palabras). Ellos reaccionan con sopresa. No lo pueden creer (yo tampoco)... Me recuerdo, saliendo con prisa de casa, sólo. Caminando y a ratos corriendo. Cruzo una pista. Gran cantidad de curiosos formando un semicírculo. Llego hasta la berma central y veo a la abuela. Hechada de espaldas como dormida. Alguien la cubre con periódicos. No puedo acercarme. Muchos ojos se fijan en mi. Me siento asfixiado, con náuseas. Me quedó fijo en el suelo. Todos me miran. Sus mirada me oprimen y me persiguen... Regreso a casa totalmente turbado... En el camino me encuentro con mi prima (Chabela) que me pregunta por la abuela: "¿Está... muerta?" Yo respondó, como un autómata, "Sí". Se apoya en mi hombro y empieza a llorar. Me aparto de ella. Tengo que llegar a casa, hablar con Papá y decirle... Me cruzo con mucha gente, todos me miran con pena... Entró al cuarto de Papá, está listo para salir, le veo sus ojos, están brillosos... Yo, le digo: "¡La abuela está muerta!" y rompo en llanto. Un llanto que me recorre todo el cuerpo. Jamás había llorado así. Papá sale raudo y Mamá me abraza... Me calmo y voy de nuevo...Una vecina trata de impedir que llegue donde la abuela y Papá... No le hago caso y escapo de sus brazos que tratan de detenerme y me acerco... El tío Jorge, arrodillado, inclina su cuerpo y besa a la abuela, el tío Juan hace lo mismo... Papá habla con la policía... Alrededor decenas de curiosos y cientos de ojos sobre mí...

Me sentí mal... Yo le deseé la muerte... Me sentí culpable... Todo el rencor que sentí por ella se convirtió en una lanza que ahora me atravesaba el alma... Me recosté en mi cama y vienen a mi mente los cientos de ojos que me observaron aquella mañana, cientos de ojos que me veían como culpable... Recordaba a la abuela y su mirada de despedida. Yo, fui la última persona en casa que la vió con vida... Y no le dije "Hola" ni "Adiós"...

5 Comments:

Anonymous Lisita said...

A veces el desamor de las personas mayores siembran en los niños sentimientos que nunca sintieran los pequeños si todo hubiera sido diferente, no te sientas culpable, supéralo por que lo que deseaste fue sembrado por tu abuela, y ahora debes cambiar ese sentimiento de culpa brindando mucho amor a los que te rodean, especialmente a tus hijos y más adelante a tus nietos.

Liz vela Flores

marzo 23, 2005 8:32 AM  
Anonymous digler said...

simplemente no seas como tu abuela o tu tia cuando tu familia aumente.ver a tu abuela antes de morir solo fue una coincidencia, nada de despedidas.

marzo 23, 2005 10:20 AM  
Blogger Javier Alonso said...

Muchas veces los mayores no toman en cuenta a los niños... Se olvidan de que éstos sienten, perciben y absorben todo a su alrededor, como "esponjitas"... Por ahora no tengo hijos, pero, tengo muchos sobrinos que quieren y adoran a sus abuelos (Toto y Toti) como a mí me habría gustado querer a los míos... Si hubo rencor, éste, ya no existe. No me siento culpable ahora. Simplemente no se puede juzgar con criterios actuales hechos que ocurrieron hace años... En lo que a mi respecta me gusta dar amor y vivir rodeado de él (Lisita me emocionaron tus palabras... Gracias).

marzo 23, 2005 1:49 PM  
Anonymous Anónimo said...

That's a great story. Waiting for more. »

marzo 04, 2007 8:03 PM  
Anonymous Anónimo said...

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marzo 14, 2007 3:38 PM  

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