viernes, marzo 11

JUEGOS MENTALES


Nos pasa a diario, que cuando vamos a decir algo y otra persona interrumpe para decir cualquier cosa (digresión), al retomar el control de la conversación, olvidamos lo que íbamos a decir (se hizo humo). Lagunas, ideas desordenadas o zancadillas de duendes verdes, llámemoslo como querramos (hoy estoy permisivo), nos juegan malas pasadas. Quedamos pensativos, con la palabra en la boca y decimos poco después: ¿Qué es lo que iba a decir? O ¡Ya me olvidé lo que iba decir! (de repente lo mejor en tu vida). Removemos nuestro cerebro, la emprendemos de palmadas contra la cabeza y frente creyendo con ello encontrar y expulsar por la boca la frase o idea extraviada...

Otro hecho similar ocurre, que cuando estando sobre la hora de salida, buscamos algún efecto personal y por más que buscamos no lo encontramos (¡Chesu!) y caemos en la tonadilla repetitiva de: "¡Pero si lo dejé aquí (alguien debe de haberlo cogido)! y ¡¿Oye no has visto mi ...?! y la respuesta (que más suena a chanza después de escucharla diez veces) de siempre: !Ya me preguntaste y te dije que NO! Volteamos la habitación, ponemos la casa y las cosas de cabeza. Volvemos a buscar y ahora el desorden hecho por nuestra propia mano se convierte en el principal obstáculo de nuestra infrutuosa búsqueda. Sólo horas después de nuestra incesante, indesmayable y detectivesca exploración caemos en el cuento que lo tenemos en el bolsillo posterior o recordamos que lo prestamos a alguien en la oficina: ¡Qué estúpido si lo tenía en mis narices todo el tiempo!...

O, en vísperas de un examen oral. Nos quemamos las pestañas, cejas y ojos estudiando y machacando la lección en cuestión. Saltamos temas que no nos parecen interesantes por desidia o flojera. Al día siguiente, la maestra te pregunta precisamente aquello que no estudiaste (que estuvo entre tus manos pero que no le diste "bolilla"). "A ver, ¿Cuál es su respuesta?" (esta pregunta taladra tu mente), "Alumno que no tenemos todo el día, ¿Estudió o no estudió?" (La pregunta retadora que exacerba tu ánimo y por dentro: CSM...Bruja de M...%&%&!). "Este..." (una palabra, buen inicio). "Tenía la respuesta en la punta de la lengua... Pero... (me la tragué) la olvidé, ¿Me podría hacer otra pregunta?". Bueno, esta no es una travesura de nuestra mente es simple y llanamente: OCIOSIDAD vista de todos los ángulos.

O abordamos la combi para ir a trabajar y dejamos la sencillera en casa, siendo expulsados del vehículo por un cobrador con pinta y modos lumpescos... Tenemos que caminar cuadras de cuadras, llegar a casa echando humo por la cabeza y todos los orificios que Dios nos dio en gracia, ¡Ah! y qué nadie se cruce en el camino pues su vida corre peligro... Todo por el maldito monedero que ahora luce radiante y feliz sobre la cómoda...

O cuando vamos al banco a hacer alguna gestión, después de hacer una cola larguísima por más de una hora, y al llegar a la ventanilla de atención reparamos que hemos olvidado el DNI. Chesus, ajos emergen de nuestras bocas y con el rabo entre las piernas tenemos que... Bueno.

O habiendo hecho realidad aquella cita tantas veces postergada con la chica de tus sueños y a la hora de decir las palabras más importantes que podrían convertirte en el hombre de sus sueños... La cabeza te da vueltas. El discurso preparado y ensayado con antelación se pierde en tu cabeza que gira como centrífuga (a 10,000 revoluciones por segundo). La temperatura corporal varía dramáticamente, en comparación de los 28 grados y el bochorno reinante, sudas frío mientras tu cara hierve. Las sonrisas idiotas te invaden, no tienes nada bueno que decir ("Adiós" caería a pelo), te sientes pequeñito, pequeñito y quedas como un tonto de capirote sin soga y sin cabra (sin ofender a las cabras... ¡Perdón! a las chicas).

Le echamos la culpa a la mala suerte (¡Qué piña!), a los duendes (¡Creo que me han echao el mal de ojo!, !Alguien me ha fumao! o ¡Necesito que me pasen el huevo o el cuy !) y nos olvidamos que siempre asumimos las cosas como fundadas e inamovibles. Somos, extremadamente confiados, desorganizados hasta la coronilla y si añadimos a ello una larga lista de problemas personales y laborales nos convertimos en entes propensos al error, a chocar con un muro para recién reaccionar (¡Golpe avisa!). Una chequeadita al pantalón antes de salir, mantener un poco de orden en nuestras casas y cosas, o confiar (criteriosamente) en nosotros mismos y en nuestras palabras no vendrían mal. Y en cuanto a los problemas, mejor olvidarnos de ellos ¿No?.