martes, marzo 29

El Papa de la Juventud

No podía mantenerme ajeno a un hecho que nos toca a todos: La muerte de Juan Pablo II. Voy a relatar mi experiencia sobre la primera visita que realizó el Papa a nuestro país y el efecto que provocó en mí y en miles de jóvenes corazones. A pesar de no estar de acuerdo con algunos de los puntos que presentó a los jóvenes en sus discursos, ello no le resta mérito para ser considerado como la imagen religiosa más influyente del mundo occidental. Como persona se destacó por su humanismo y sencillez; dueño de un carisma único que lo hacía un ser accesible, real y tangible.

He aquí un pequeño y sincero homenaje al hombre; al ser humano tolerante, humano y fraterno.

En 1985 el ambiente en la capital de la República era irrespirable. Sendero y sus huestes habían logrado penetrar en la cuasi inexpugnable Lima. El "pequeño grupo de abigeos" , como los llamó Belaúnde en su momento, habían logrado tocar puntos neurálgicos y mantenía en zozobra a la sociedad limeña. Los apagones, bombazos a discresión, sangre en los medios de información formaron parte inherente en nuestras jóvenes vidas por mucho tiempo. La psicosis, hacía presa de nuestros padres; era imposible salir dos cuadras más allá de casa sin que mamá se preocupara en exceso (comprensible); el amor maternal no tiene límites ni hace disqusiciones a la hora de demostrar su preocupación y más aún en una etapa tan difícil como la que estábamos atravesando.

La noticia de la llegada del Papa para febrero de ese año nos llevó de vuelta a ser asiduos concurrentes a las misas dominicales. Muchos domingos a la luz de velas rezábamos pidiendo que el amor y la paz ingresaran en los corazones de estos hombres y mujeres que habían escogido el camino de la violencia como única alternativa para lograr un cambio. El abrazo de la paz constituía un momento importante, pues reflejaba nuestro deseo por vivir en un ambiente de tranquilidad que nos había sido arrebatado hace mucho tiempo.

El Papa arribó el 1ro. de febrero; lo vimos en la tele y en todos los canales; el Perú se convirtió así en el foco de la noticia. Era muy valiente de su parte venir a nuestro país, que se encontraba sumido en la pobreza económica y enfrascado en una lucha fraticida que había costado la vida de miles de inocentes. El gesto de besar el suelo representó gráficamente la humilda, la humildad que muchos de nosotros hemos perdido en el camino.

A través de la Parroquia nos organizamos para darle una calurosa bienvenida en su breve paso camino a los arenales de Villa el Salvador. Desde altas horas de la noche nos aglomeramos a lo largo de la avenida los Héroes, en la berma central que ahora ocupa el tren eléctrico. Miles y miles de personas formaban cadenas humanas en espera del Papa. Esperamos muchas horas. La alegría era reinante y contagiante. Los primeros rayos de luz colmaron los cielos de San Juan. La llegada del Papa era inminente. El mar humano se movía en un vaivén similar a las olas del mar. Todos se empinaban por no perderse un instante del paso papal.

Nuestras miradas estaban puestas sobre el puente Atocongo; la pista estaba completamente despejada; ruidos de sirena elevaban la emoción en los presentes. Sendas motos encabezaban la caravana papal. Un gritito ahogado invade el ambiente y estalla un vitoreo general que agita las manos y banderillas ante el paso de la celestial caravana.

El Papa erguido dentro de su urna de cristal; colorado como un camarón hervido; alto; saluda con una mano levantada. El paso de su vehículo es raudo; sin embargo la sensación que deja es un halo de paz que llega hasta el alma. Todos se miran incrédulos; permanece en sus posiciones por un tiempo prolongado; luego, rompen filas.

sábado, marzo 26

La Profesora de Canto (Y Encanto)

(Dedicado a Ti, por lo que eres y lo que sientes... Y por no poder estar ahí...)


La primera vez que notamos su presencia nuestros corazoncitos latieron a cien, retuvimos la respiración por mucho tiempo hasta convertirnos en pequeñas criaturas azules (similares a los pitufos). La Profesora de Canto era un encanto. Su nombre Abdela. El salón de clases se inundo y rebalsó en suspiros y caras estúpidas "al por mayor".

Todos, se disputaban la gracia de capturar, aunque sea, por un instante la atención de la maestra. Ella era muy bonita, jovial, desenvuelta, dueña de un ángel y carisma únicos. Se robaba el corazón de todos (de los grandes y de los chiquitos). Hasta el profesor de Historia (tremendo viejo verde) se desvivía en atenciones y gentilezas para con la joven y bella damicela. La señorita Abdela debería de estar frisando los veinte y poco años. Nuestras miradas la buscaban en aulas, pasillos y hasta en la misma dirección (lugar inexpugnable y de acceso restringido a los alumnos). Muchas veces la vimos rodeada de los maestros (viejos, panzones) que se mostraban, en esos momentos, nerviosos y sonrojados ante el encanto y frescura de la agradabilísima Profesora de Canto.

Se mostraba muy apasionada a la hora de dictar su curso. Nos introdujo en el mundo de los pentagramas, redondas, negras, corcheas y semicorcheas... Su boquita perfecta, a la hora de emitir una siempre esperada nota de Sol o un Do de pecho, nos llevaba a las nubes y cerrábamos nuestras boquitas en forma de piquito esperando el beso etéreo... También tenía su carácter. Gracia, encanto no es sinónimo de tonta. Si notaba una desatención o indisciplina en alguno de sus pupilos inmediatamente ponía en vereda al descarriado. Una mañana, tuvo toda la hora de clases repetiendo las notas musicales al "Chipy" Minaya...

También, fuera del horario de clases y dentro de ellas (las que más disfrutábamos al perder alguna clase aburrida), organizaba salidas y visitas a iglesias, teatros, museos y otros lugares de interés. Con la mayoría de maestros los "paseítos" eran un total descalabro pero con la señorita Abdela nos comportábamos como perfectos caballeros... Visitamos, una vez, las Catacumbas en el centro. A ratos jugábamos a las escondidas y "golpe avisa" pero suspendíamos esos juegos y adoptábamos el acartonamiento y conservadurismo intemporales ante sus expresivos y hermosos ojos color miel...Sin embargo, el "Chipy" Minaya no podía con su genio y entre sus ropas saco el fémur de un antiguo peruano, el cual tiró en plena pista para que los autos y buses pasaran por encima...

Todos aprobamos su curso y como prueba final tuvimos que cantar el Himno Nacional en la ceremonia de clausura del año escolar. Lo habíamos ensayado cientos de veces pero a la hora de la verdad nos invadió el pánico escénico. Unos cantaban a ritmo de vals otros de Rock... Perdimos el compás, nos enredamos en el pentagrama musical, tropezamos con las corcheas, redondas, negras y semicorcheas, y caímos en el pozo de la vergüenza. Eramos un chiste. Todos se reían de nosotros. Los profesores a pesar de lo solemne de la ceremonia tampoco pudieron contener y dejaron escapar alguna carcajada. Nosotros colorados como tomates nos mantuvimos firmes tratando de mantener la compostura. La Profesora trataba de calmarnos... Los asistentes a la ceremonia se desternillaban en risas y comentarios. El alumnado en general hacía leña del árbol caído... Acabada nuestra intervención nos dirigimos a nuestras ubicaciones en el patio de formación, desplazándonos como si nos hubiesen apaleado...

Pasado el tiempo de vergüenza y burlas extemporáneas nos despedimos hasta el próximo año de maestros y demás compañeros... Algunos lograron robarle un beso a la maestra y se sentían en las nubes. Una llamada de alerta general nos convocó a un pequeño conciliábulo. La noticia traería cola: La señorita Fonseca (Abdela) se casa. El "Pato" lo vio en el pizarrín de la dirección. Clavado con un par de alfileres estaba el parte matrimonial. Todos nos quedamos helados y "tristones". Una diatermia severa no nos vendría mal. Sentimos el ruido de decenas de corazoncitos rompiéndose como frágiles hojas de cristal ("triz"). Dándonos el pésame respectivo, deshechamos los planes de casarnos con la profesora después de acabar el colegio.

viernes, marzo 25

!Sonría ! ¡Está Ud. en cámara indiscreta!

Publicado en "Diarios Urbanos"


Nuestras vidas están plagadas de hechos vergonzosos que en su momento nos hicieron sentir arcadas, cambios drásticos de color y temperatura, en fin, sin eufemismos, nos hicieron sentir los tipos más ridículos sobre la faz de la Tierra, dignos de nuestra propia lástima (¿Por qué a mí?). Voy a reseñar tres momentos de mi vida que me provocaron estas reacciones y que con el paso del tiempo vuelven a mí envueltos en sonrisas y enseñanzas...

Tenía 13 años y me encontraba en la fase de "explorador". Mientras en el colegio se hablaba de Colón y sus grandes descubrimientos, yo estaba embarcado en mi propia expedición, teniendo como destino y objeto de estudio, mi cuerpo. Muchos compañeritos en la escuela ya lo habían hecho, y comentaban sin pacatería los placeres que habían sentido y que yo estaba dispuesto a descubrir. Escogí un día de poco transito en casa. Sólo estábamos Mamá y yo. Mi habitación estaba en el segundo piso con vista a la calle. Estaba un poco tenso, nervioso. Primer paso en el experimento, traer a la mente una imagen agradable, pero como no logré inspirarme tuve que buscar una fuente más real, es así que descubrí un extremo de la cortina y allí estaba: Nancy. Mientras los chicos afuera volaban sus cometas, yo hacía lo propio en mi habitación. Demostré en base a mis experimentaciones que a toda acción corresponde una reacción y entendí también la que se refería a la fricción de los cuerpos. La nueva sensación provocó en mí temor, pensé que me desangraba, que esto no iba a parar nunca. El torrente se detuvo, mi corazón latía a mil, mi agitación era más que evidente y de pronto... Se abre la puerta. Mamá se asoma. Yo, no sabía donde meter la "cabeza". Se me subieron los colores al rostro, sentí arder como una tea y mi estado de confusión era enorme. Mamá hizo lo más acertado, cerró la puerta... Durante días tuve que aguantar la mirada de mamá, no me dijo ninguna palabra, no me llamó la atención, pero su mirada de "lo sé todo" con una de sus cejas más alta que la otra me atormentó por semanas...

Otro, de estos hechos "memorables" me ocurrió después de cumplir los 18 años. Me estaba preparando para recibir la Confirmación en la parroquia de mi barrio y ... Chicos, chicas, una catequista, 6 meses intensos de preparación, últimos días antes de la confirmación y pasó que en el último ensayo con la presencia de padres, padrinos y del Padre Willy; Nancy y yo, nos dejamos llevar por la emoción, eran los últimos momentos que compartíamos en estas reuniones, así es que escapándonos de todos nos encerramos en el cuarto de servicio del salón parroquial. Jessenia, la catequista nos estuvo buscando y, nosotros enfrascados en unos encuentros de los más cercanos. Besos van, besos vienen y que se abre de golpe la puerta... El rostro enojado de Jessenia, los gritos destemplados de Jessenia, un tropel de pasos hacia el salón parroquial... El padre Willy conteniendo a la masa y orientándolos hacia el el templo principal. Avergonzados hasta la última de nuestras células, tuvimos que escuchar un sermón del Padre. Pensamos lo peor, que nos iban a excomulgar o por lo menos impedir la Confirmación. Ni lo uno ni lo otro, el Padre Willy se mostró de lo más comprensivo, nos absolvió no sin antes darnos una penitencia de mil Padres Nuestros e igual número de Ave Marías. En el templo ya se había iniciado el ensayo final. Sentí cientos de ojos acusadores y condenatorios sobre mí y yo a punto de arcadas...

El último hecho que les voy a referir corresponde a esta misma etapa de mi vida. De mis gloriosos y hormonales 18 años. Día sábado, casa de Edson sin la presencia de sus padres. Así es que fui a hacerle una visita en compañía de Nancy. Llegamos, Edson nos abrió las puertas de su casa, de la cochera y del auto de su papá. Nancy y yo nos enfrascamos en una lucha intensa, como si el mundo se fuera a terminar al día siguiente. Edson hacía de "Celestina". Sin embargo, no desempeñó muy bien su función, pues sacando a relucir su faceta de organizador de eventos, invitó a a varios de nuestros amigos en común. Uno de ellos tuvo la desfachatez de traer consigo una cámara, acercarse temerariamente al auto y decir sorprendiéndonos : !Sonrían ! ¡Está Uds. en cámara indiscreta! Terminamos, Nancy y yo, bruscamente lo que habíamos empezado sin acabarlo del todo. Durante días, semanas me estuvieron extorsionando, jodiendo con la existencia de los negativos, y con la enorme campaña de desprestigio que iban a lanzar en mi contra por el sólo placer de verme humillado. Sentí vergüenza de sólo imaginar que fotos mías circularían por calles y veredas... Al final, jamás aparecieron, sólo fue un bluf, una burda mentira de aquellos "inocentes años"...

Mi vida no se ha detenido, me han ocurrido más hechos que bien merecerían estar incluidos en mi Salón de la fama de hechos vergonzosos. Sin embargo, ya no soy un chico, tengo que afrontar estos hechos con responsabilidad y asumir las consecuencias. No tengo que "echar" la culpa a la mala fortuna o mala suerte cuando yo soy el directo responsable de ella... ¿Quién más? ¿Has tenido un mal día? Yo, también.

Educación Gratuita


Una semana antes de que empiecen las clases de Verito (mi sobrina) el techo de su salón se vino abajo. Imagínense, si el salón, se hubiese encontrado lleno de pequeñas criaturas... Gracias a Dios no pasó nada... Por ahora. En similar estado de calamidad se encuentran otras salones. A pesar de que Defensa Civil ha declarado muchas ambientes en estado de emergencia y peligro inminente las clases no se detienen y las mejoras a la infraestructura no se realizan con la seriedad debida.

He asistido a cientos de Asambleas. He visto y he oído como se pelean, discuten cuando se trata establecer el monto de pago sobre el derecho de afiliación a la APAFA y a cuotas extraordinarias. Después de horas inútiles de discusión se llegó al acuerdo de pagar diez soles a la APAFA (la cifra más baja de todas las opciones presentadas y sustentadas). Diez soles para todo el año. El monto total será asignado para labores de mantenimiento de la escuela. Como es obvio, el monto será limitado si consideramos, primeramente, lo ínfimo de la cifra total y añadido a esto la gran cantidad de morosos.

Se han construido cuatro nuevas aulas y un kinder completo gracias al apoyo de instituciones no gubernamentales y a la diligencia de los miembros de la APAFA. Los padres de familia, la mayoría de veces que se les requiere para que aporten una cuota extraordinaria que será destinada a alguna mejora o refacción en la escuela se niegan a colaborar. Los argumentos que esgrimen son generalmente tres. El primero, que el Gobierno debe encargarse de las labores de mantenimiento y remodelación de la escuela. Segundo, las APAFAS roban. y la tercera, la educación es gratuita.

Incompetencia gubernamental y desidia de los padres traen como consecuencia atraso, subdesarrollo y más ignorancia. Se tiene un centro de computo que no funciona hace un año, no hay profesores. Se capacitó a dos personas por dos años para que se encarguen del funcionamiento del centro de cómputo. El gobierno no asignó en la partida el sueldo para estas dos personas, por lo que se vieron obligados a buscar otro trabajo. El centro de computó se llena de polvo.

Que las APAFAS roben no me consta. Hasta ahora sólo he oído rumores: Lo que dijo el amigo de un hermano del cuñado del hijo del vecino... Nada concreto. Sin embargo, sirve como la perfecta excusa para no dar un sólo centavo más por la educación de sus hijos. Sería ocioso repetir y repetir que la educación se encuentra en estado de emergencia. El gobierno de la educación para todos los peruanos solo fue una mentira más a la larga lista... Los padres de familia pueden alegremente invertir, digamos, en tres chelas a la semana (diez soles)... por cuatro semanas (cuarenta soles) y no destinar un centavo más en la educación de sus hijos... ¡Qué pena!... Nos hemos acostumbrado a las cosas gratuitas y cerramos los ojos a la realidad, a una pobre y triste realidad de la que somos culpables...

La educación no puede ser gratuita. La pobreza, el desempleo no deben ser excusa para no sacrificarnos por la educación de nuestros hijos... Los fondos que destina el gobierno son insuficientes. Las cosas gratis son de muy pobre calidad. Muchos pueden darse el lujo de tener a sus hijos en colegios particulares y bien por ellos. Los que no podemos darnos ese "lujo" tampoco podemos quedarnos con los brazos cruzados y quejándonos, esperando la gracia del gobierno. Hay que "jugársela" también. Sacrificio, sinónimo de avance y no de final.

...Ayer...

... Ayer, pensé en ti... Ayer, te tuve en sueños y pensamientos... Ayer, te vi en sueños y pensamientos: Callada, solitaria, lejana y cercana... Ayer, te dije "Te quiero", compartimos tu soledad, te tuve cerca... Ayer.

jueves, marzo 24

Encrucijada


Difícil decisión para alguien mayor de treinta que en la búsqueda de "sentar cabeza", establecerse y formar una familia encuentra a la "ideal", al "complemento perfecto" por partida triple. Es decir, que buscando a la "mujer de mis sueños", a la que se ajuste a mis "gustos y necesidades", encontré, no sólo "media naranja, sino "naranja y media"...

Sí, a falta de "una", buena son "tres". ¡Y qué tres!. Llevo saliendo con ellas alrededor de un mes, obviamente, en citas separadas y perfectamente coordinadas. Con todas he llegado al acuerdo de conocernos bien para luego entablar algo serio. Somos adultos. Con las tres he congeniado (caso y cosa rara por lo difícil que resulto la mayoría de veces). Las tres dentro de sus diferencias externas e interiores encierran la belleza integral que busco en una mujer. Las tres son jóvenes profesionales y sumamente emprendedoras. ¿Por qué se me complican las cosas? ¡Habrase visto!

A continuación presento, aunque de manera desprolija, un profile de las tres chicas que me quitan el sueño y ocupan un lugar importante dentro de mis afectos más sinceros. Espero no caer en la frivolidad si a sus méritos, añado detalles estéticos que ha muchos les resultarán superfluos, pero, que a la hora de decidir pueden de manera determinante inclinar la balanza en vista de que la cosa está bien pareja. No los aburro más y pasemos al desarrollo:

Candidata X: 28 años. Profesional en Educación. Le encantan los niños tanto como a mí (explota mi lado tierno). Me hablá como Mamá lo haría y eso me hace sentir en confianza (soy un niño grande que busca un afecto de tipo maternal). Le encantan las fiestas (a mí no) y las diversiones sin caer en extremos. Independiente. Dueña de unos ojos verdes que me fascinan. Blanca como el mármol (tengo debilidad por las chicas blancas). Muy lindas piernas (dos). Un extraordinario sentido del humor (mi contraparte perfecta) y una sonrisa de niña traviesa que me desarma...

Candidata Y: 26 años. Pequeña empresaria. Trigueña. Alta. Muy buenos pechos (otra de mis debilidades), piernas delgadas y largas. Tiene una sonrisa franca y amable. No se cansa de aprender y crecer laboralmente. Nos vinculan los mismos objetivos en ese plano (el laboral). Congeniamos muy bien. Muy tierna, una niña grandota. Tenemos gustos afines. No le gustan las fiestas. Le encanta el Marketing y la Administración. Y un detalle más... En los últimos 5 años vivió en Argentina, tiene esa "tonadilla", ese "dejo" que me seduce cuando habla y cuando calla... La besé una vez y no me arrepiento...

Candidata Z: (Y no por estar en el último lugar en la lista la considero la menos importante. Al contrario, yo diría, que hay un triple empate. No divaguemos y empecemos con ella). 25 años. Educadora y estudiante de Administración de Empresas. Trigueña, alta (1.72 Vs. 1.68 míos), delgada. Hermoso cuerpo. Atlética. Sexi, muy sexi. Hablamos tontería y media, y la pasamos muy lindo. Sumamente fiestera. El alma de la fiesta. Me hace sentir joven (más joven). Tiene su lado romántico y soñador que me conmueve y me "tira al piso". Quiero mucho a la "loquita". Le gusta abrazar y que la abracen (me encanta el sacrificio). A veces tiene un carácter difícil, pero, después se desvive en atenciones y mimos, olvidando los ratos malos.

Con todas me une una amistad de tiempo. Conozco sus historias y ellas las mías. Las cartas están sobre la mesa. Tengo que tomar una decisión. El fin de semana largo complica algo las cosas. Me gustan las tres: ¿Qué hago? No soy Badani. Si estuvieran en mi lugar ¿Qué harían?

martes, marzo 22

Una Tragedia

(Nota: Los hechos que narro a continuación lo hago con los ojos y sensaciones de un niño de once años. Tal como lo viví y sentí en aquellos momentos...)


Mi abuela y la tía Mery, desde que tengo uso de razón, no se cansaban de hacerle la vida imposible a mamá. Varias veces, a mamá, la vi llorar y me dolió mucho... Siempre estaban indisponiendo a papá en su contra. Papá, después de trabajar, iba a casa de la tía y al llegar a casa lo hacía lleno de un pésimo humor. Era difícil verlo sonreir, aunque, se mostraba servicial y amable con vecinos y amigos. Bebía los fines de semana y se comportaba como un tonto. Yo, no soportaba sus borracheras, me colocaba en un rincón de mi habitación y cubría mis oídos. Me invadían una mezcla de desazón, miedo y vergüenza... Algunas veces, él, discutía con mamá, daba un portazo y se iba a donde la abuela y la tía...

Papá, la mayor parte del tiempo, se mostraba como una persona centrada y lúcida, pero, a la vez manipulable. La abuela y la tía influían mucho en él. Le decía como tratar a mamá y a nosotros. No le perdonaban a mamá el hecho de haber sido "madre soltera" y de tener ya una hija (Mila) en el momento de casarse con papá. Yo, jamás lo vi, pero me lo contó hace poco una hermana, papá le pegaba mucho y muy fuerte a Mila (mi hermana mayor). Esto provocó un trauma en la espectadora y le perdió el respeto a Papá por mucho tiempo (se llenó de rencor y resentimientos). Muchos años después, Papá, reconoció abiertamente, con la mirada brillosa, su arrepentimiento por haber usado la violencia física y psicológica contra nosotros. Se mostraba sincero, lo decía de corazón, mientras miraba correr y jugar a sus nietos...

En aquel momentos éramos niños, pero, no tontos. Podíamos ver y reconocer la "maldad" en la personas (quienes obraban bien y quienes no lo hacían). Entre hermanos, hicimos un frente común, hicimos un pacto silencioso... Cuando la abuela se acercaba a abrazarnos y darnos mimos, nosotros, correspondíamos a su afecto con la frialdad de un iceberg. Ella lo notaba y se quejaba con Papá. Él no podía mandar en nuestros sentimientos. Sólo después de una severa llamada de atención, recién, "abrazábamos" a la abuela... Ella se entrometía en todo. Quería mandar en casa pisoteando la autoridad de Mamá. Odiábamos, a la abuela, por más que ésta se esforzara en querernos, no le dábamos chance alguno. La llamábamos "Chis", la abuela "Chis" (Chismosa) y hasta alguna vez le deseamos la muerte...

Papá, por su parte, notó que le rehuíamos (ante la presencia paterna mostrábamos temor)... Cris y Paty (las más peqeñitas), poco a poco, doblegaron a la bestia que Papá escondía en su corazón... Y lo transformaron en un tierno minino. Papá se convirtió en un verdadero Papá. Hablaba y escuchaba a sus hijos. Un vuelco extraordinario. Sus borracheras fueron disminuyendo, y ahora, pasaba más horas con nosotros. Nos convertimos en una verdadera familia. La muestras de afecto entre mis padres me trajo una tranquilidad que hace tiempo deseaba. Sin embargo, no fue fácil. La abuela y la tía quería destruir todo ello. No les importaba la felicidad de Papá, Mamá ni la nuestra. Soportamos los embates... Conservamos a Papá y él a nosotros.

Un Domingo de Noviembre... Tenía once años... Muy de mañana. Subo al tercer piso de casa ¿A qué? No recuerdo. Sólo recuerdo que vi a la abuela, sólo recuerdo que ella me miró a mí. No la saludé. La ignoré... Bajé al primer piso. Todos dormían en casa. En su habitación, Papá y Mamá, veían televisión y los acompañé por un buen rato... Alguien golpea la puerta muy fuerte y voy a abrir. Era un muchacho, algo mayor que yo, de cabellos duros, como crines, y de hablar "motoso" que me dice sin el menor tino y delicadeza: "A tu abuelita la ha machucado un carro"... Me quedé helado y de una pieza. Mi cuerpo languidecía. Con pasos temblorosos y el alma en la boca regreso al cuarto de mis papis y les digo lo mismo que me dijeron (tratando de ser cauto en mis palabras). Ellos reaccionan con sopresa. No lo pueden creer (yo tampoco)... Me recuerdo, saliendo con prisa de casa, sólo. Caminando y a ratos corriendo. Cruzo una pista. Gran cantidad de curiosos formando un semicírculo. Llego hasta la berma central y veo a la abuela. Hechada de espaldas como dormida. Alguien la cubre con periódicos. No puedo acercarme. Muchos ojos se fijan en mi. Me siento asfixiado, con náuseas. Me quedó fijo en el suelo. Todos me miran. Sus mirada me oprimen y me persiguen... Regreso a casa totalmente turbado... En el camino me encuentro con mi prima (Chabela) que me pregunta por la abuela: "¿Está... muerta?" Yo respondó, como un autómata, "Sí". Se apoya en mi hombro y empieza a llorar. Me aparto de ella. Tengo que llegar a casa, hablar con Papá y decirle... Me cruzo con mucha gente, todos me miran con pena... Entró al cuarto de Papá, está listo para salir, le veo sus ojos, están brillosos... Yo, le digo: "¡La abuela está muerta!" y rompo en llanto. Un llanto que me recorre todo el cuerpo. Jamás había llorado así. Papá sale raudo y Mamá me abraza... Me calmo y voy de nuevo...Una vecina trata de impedir que llegue donde la abuela y Papá... No le hago caso y escapo de sus brazos que tratan de detenerme y me acerco... El tío Jorge, arrodillado, inclina su cuerpo y besa a la abuela, el tío Juan hace lo mismo... Papá habla con la policía... Alrededor decenas de curiosos y cientos de ojos sobre mí...

Me sentí mal... Yo le deseé la muerte... Me sentí culpable... Todo el rencor que sentí por ella se convirtió en una lanza que ahora me atravesaba el alma... Me recosté en mi cama y vienen a mi mente los cientos de ojos que me observaron aquella mañana, cientos de ojos que me veían como culpable... Recordaba a la abuela y su mirada de despedida. Yo, fui la última persona en casa que la vió con vida... Y no le dije "Hola" ni "Adiós"...

lunes, marzo 21

Mi Primer Gran Amor

(Feliz Cumple Kevinsote)


Ese año nos tocó el turno de la tarde. El peor horario. No lograba acostumbrarme a él. Almorzar temprano, dejar los estudios y tareas a medias... Ir a clases con el estómago lleno y pesado. "Cagándome" de sueño, extrañando la siesta de la tarde. Soportar hasta las seis o seis y media a los profes, para luego, llegar a casa a las siete y media... Tareas no, Tele sí... Te fijas en la hora, ya son las diez menos diez y no has hecho nada. Tardé un poco en adaptarme a las tardes...

Nuestros cuerpos se había desarrollado bastante. Nuestras voces se volvieron graves y broncas y de vez en cuando dejaban escapar un agudo "gallo", que inmediatamente disimulábamos con un carraspeo oportuno. Billy, flaco desde que lo conozco, dio un estirón y ahora lucía más flaco, un cuello largo como avestruz y una prominente manzana de Adán... A los demás nos sucedía lo mismo, aunque, dentro de las proporciones adecuadas... Ya no éramos los chicos de antes, los más pequeños, ahora éramos los dueños del patio y la pelota... Mientras, no llegaran los chicos de 5to. nosotros éramos los amos absolutos de los destinos de todos los que se encontraban dentro del colegio (4to. en la tarde y 5to. en la mañana). Volviendo a mis compañeros, el "Chipy" Minaya se había convertido en un toro de piel broncínea. Había hecho muchos amigos(as) nuevos en las vacaciones de verano y ya no formaba parte de nuestro grupo más cercano... Paraba en la playa con su tabla de surf buscando aventuras...

La hora de recreo, en comparación al turno de mañana, resultaba ahora sumamente silenciosa y triste. La cantidad de alumnos era mucho menor en las tardes. Si nadie había traído una pelota para la pichanga diaria nos sentábamos en los alrededores del patio formando grupos dispersos, mientras, hablábamos barrasada y media:

Heredia: ¡Ya pé loca! ¡Cuenta un chiste pé!
Yo: ¡No jodas! ¿Me has visto con cara de payaso?
Heredia: ¡Uy! ¡Me gusta cuando "mi mujer" se encabrona!
Yo:¡Vete a la mierda!

(Risas)

Chipy:¡Chibolos de mierda! ¿A ver? ¿Cuántos de ustedes han "cachao"?

(Desconcierto general)

Oscar: ¿Las películas porno cuentan? (je je je)
Chipy: ¡No! ¡Tampoco los "pajazos" Tienen una cara de "pajeros" ¡A ver sus manos! ¡Ah! ¡Pelitos! ¡Tremendos pajerazos!

(Todos escondíamos las manos)

Chipy: ¿Tú Javes? ¿Has "cachado"? ¿Quieres que te "cache"? (ja ja já)
Javes: Ya pé "Chipy" búscate otro "punto" ¡Mira ahí está la loca! Pregúntale a él o al "Español" (je je je)
Yo: Ya pues "Muñeca", tranquila... Deja que "Chipy" cuente... Seguro que el ya "cachó" y se muere de ganas de contar (y yo de oir) ¡Cuenta pues!...

Bueno, aquí "Chipy" Minaya nos contó con pelos y detalles sus aventuras con una señora mayor que lo tomó como amante en vacaciones. Las palabras, gestos y explicaciones de "Chipy" son irreproducibles... Nosotros escuchábamos maravillados cada detalle y mirábamos los ojos brillosos, la saliva que expulsaba al hablar (y la nuestra que se caía), sus gestos y el sonido de las palabras procaces (que caían como puñaladas en la espina dorsal). Parecía un poseído y nosotros sus seguidores. Nuestras cabezas tejían "malos" pensamientos (o "buenos", es una cuestión de apreciación) con cada palabra de Minaya. Proaño rojo como un tomate se alejaba pasito a paso... Algunos cubrían con una mano el vientre bajo mientras pasaban con gran esfuerzo la saliva... Terminado el explícito relato el silencio era absoluto. Tardamos unos instantes en reaccionar. Una salva de palmadas remeció el ambiente y un bandada de palomas enrumbó en círculos hacia el cielo... Me dirigí al baño, otros hicieron lo propio, a enjuagar mi rostro en abundante y fría agua para descender el nivel de temperatura de mi rostro, mejillas y "anexos"...

Las clases después del relato resultaron insípidas y aburridas. En nuestras cabezas las palabras de "Chipy" se reproducían una y otra vez. Y el "pequeño amigo" de entrebolsillos aparecía como un dictador isleño y sin invitación... A la salida mientras nos dirigíamos al paradero del puente Ricardo Palma, Oscar inició otra interesante conversación:

Oscar: ¿Cuántos han "punteado"?
Yo: ¿Qué? ¿"Punteado"? ¿Qué es eso?


(A algunos del reducido grupo se les iluminó el rostro con una sonrisa...


Oscar: ¡"Puntear"! ¡"Culear" pé! ¿Acaso en el micro nunca te has frotado en el "culo" de una "germa"...?
Yo: ¡Ah! (recordé algo)
Oscar: ¡Vamos al Enatru!

Dueños de la vereda y calles nos dirigimos al paradero del Puente Ricardo Palma. Éste se encontraba atestado de escolares (chicos y chicas). Pasaron varios "Enatrus" de largo, iban llenos. Oscar, al ver "uno" con intención de detenerse nos hizo un gesto de: "Síganme y miren". Oscar observaba, buscaba una "víctima". Halló un "punto": Una chica blanconcita muy bien proporcionada y se colocó detrás de ella. Todos se arremolinaron por subir. Todos empujaban. Oscar "también". La chica trataba de apartarlo pero la presión de la masa era tremenda. Oscar nos miraba a ratos y ponía una cara "recontramañosa" se veía que gozaba como un "cerdo"... Al subir, nos ubicamos en el centro del "Enatru" (en el acordeón), Oscar se mostraba agitadísimo, feliz como una lombriz y nos dijo: "Por poco me "vaceo" (¿?) Algunos celebraron con risas su ocurrencia. La chica "víctima" unos pasos más adelante lo miraba con odio contenido, como queriendo arrancarle los ojos y un par de "cosas" más... También me miraba a mí... Con odio y pena (¿?)... Se me hizo un nudo en la garganta... La chica bajó en el paradero del Pozo (yo también). Antes de cruzar la pista. Miré un instante a la chica y me topé con su mirada de odio, se me acercó (yo rojo, rojísmo)... y me dijo:

- ¡No sabía que eras un "mañosón"!
- ¿Qué? (su voz resonaba como un trueno y yo me sentía desarticulado)
- ¡No te hagas el loco! ¡Contigo es la cosa! Te vi con ese "gordo mañoso" burlándote de lo lindo...
- Disculpa ¿No entiendo?
- Yo te apreciaba, parecías un buen chico en el colegio ¡No un mañoso!
- ¡Dios! ¿De dónde me conoces? (Mi voz en un hilito...)
- Del "Manuel Bonilla"
- Pero... No te recuerdo... ¿Tú eres...?

Respiró un poco. Sentí que la tensión en ella bajaba y que en mí se elevaba a niveles inconmensurables y siguió...

- Lourdes... Estaba en 5to. "B" cuando cambié de colegio. Seguro no me recuerdas, pero, yo sí...
- ¿Lourdes?... Disculpa pero... Me apena conocerte así o volverte a ver (¿?) de esta manera...
- Yo igual... Pero no pensé que fueras así J.....
- Pero... Es que yo no soy así... Son mis amigos... Yo no hago esas "cosas" ¿Cómo sabes mi nombre? ¡Ah! Claro del "Manuel Bonilla"...
- Crucemos. Vivo al frente "también"... Cómo no saber tu nombre si eras el engreído de las profesoras y la auxiliar... Aunque has cambiado bastante, has crecido ¿No?
- Oye... Me tengo que ir... Ya es tarde... Disculpa (algo turbado todavía)...
- ¡Ya! No te preocupes ¡Tu no fuiste!... Chau...

A partir de ese día nos vimos seguido... Y le hice saber al "Pato" Oscar que no la tocara y éste muy a su pesar no lo volvió a hacer... Viajábamos juntos pero no hablábamos en el "Enatru". Yo con mis amigos y ella con sus amigas. Al bajar nos poníamos a conversar... Reíamos mucho recordando la primera vez que hablamos y las circunstancias... Nos "enamoramos" de a poquitos. No podíamos estar el uno sin el otro... Hasta que un día me "mandé" y me dijo que "Sí". Yo, feliz.

Nuestra historia duró poco, pero, lo suficiente para considerar a Lourdes como: Mi Primer Gran Amor.

Un examen


Los exámenes de final de bimestre nos quitaban el sueño. Alteraban totalmente nuestros horarios. Las horas nos quedaban cortas. Terminadas las clases íbamos directo a casa a estudiar, poner los cuadernos al día para la revisiones y para, muchos, preparar los "acordeones" (ayuda memoria)... Los profesores, mientras tomaban los exámenes, iban revisando los cuadernos. Sandro Gutiérrez con sus cuadernos forrados de azul, caligrafía perfecta y acompañados de hermosos dibujos nos llevaba una ventaja considerable a la hora de "sacar" los promedios... Mis cuadernos no se destacaban. Así es que, mi mayor esfuerzo recaía en presentar buenos exámenes.

En el tercer año compartía la carpeta con José Antonio Heredia Gallarday, "El Español". Lo llamábamos, de esta manera, por el seseo que acompañaba a sus palabras. No le disgutaba, en absoluto, el alias, e incluso, hacía alarde de él improvisando poemas de Bécquer. Era uno de mis mejores amigos, aunque, a veces me incomodadan sus muestras de "cariño" y admiración. Me llamaba "Mujer", "Mi mujer", "Loca" y otras referencias "pseudoromanticonas" que rebasaban los límites de la tolerancia y caían dentro de los de la impertinencia (Una vez, y sólo una ¿eh?, me llegó a estampar un beso en la mejilla para comentario y suspicacias del resto de compañeros). Pero, "el que se pica pierde" y lo soportaba deportivamente. Odiaba ser el punto de burlas y comentarios tontos. Mi venganza llegaba a la hora de los exámenes. Nunca he sido un "cerebrito", sin embargo, me encontraba en el Top 1 en las evaluaciones.

El salón era un mar de silencio. Los movimientos más ligeros, hasta los imperceptibles estaban siendo monitoreados por los maestros. Los exámenes venían impresos. Se entregaban de adelante para atrás. Los de atrás se desesperaban por tener entre sus manos las hojas... Palabras de desaprobación (algunas obscenas), gestos desesperados, autojaladuras de cabellos al ver las preguntas, eran, la primera señal de un examen "tranca". Muchas miradas me buscaban tratando de hallar respuestas en la mía. Billy Abarca, sentado una carpeta delante, rascaba nerviosamente su barbilla tratando de captar mi atención. Yo miraba la hoja y me concentraba... La mirada escudriñadora del maestro cortaba de plano cualquier segunda intención... Alguien llamaba al maestro y éste abandonada el salón, el momento propicio había llegado...

Aparecían los "acordeanos" en muchas manos (las de Oscar Huamán, Flores, Escate, Augusto Changanaquí, Andrade, Goicochea, etc). Los más osados sacaban libros y cuadernos de borrador (Frank Cárdenas, Carlos Alberto Minaya, Marcelino de la Cruz, Acuache, Díaz, etc). Minaya, en un par de ocasiones me arranchó la hoja, darle una leída veloz, para después devolvérmela. Billy Abarca (flaquísimo y largo) giraba totalmente su cabeza, yo, acomodaba la hoja para que pudiera darle un vistazo sin problemas. Heredia, mostraba su mirada nerviosa como si sus ojitos intentasen escapar de sus órbitas, avisaba cuando el profe se acercaba. Un par de veces, por mi mal humor en algunos momentos (a veces exageraban al pedirme ayuda y me desconcentraban), terminaba rápido el test y abandonaba el aula. Volteaba, al salir, un instante, sonreía mientras decía entre dientes: "¡Ven! ¿ por qué diablos no estudian? ¡Burros de M...!" Billy se cogía la cabeza, Heredia se tapaba el rostro, muchos hacían gestos de desaprobación, Minaya me amenazaba de muerte y mi sonrisa se ampliaba más y más. Tapaba mi boca para no emitir ningún ruido y me dirigía al cafetín a esperarlos. Los primeros en salir de los exámenes eran: Sandro, Juan Carlos Javes, Pablo Proaño, Víctor Manuel Alata, Enrique Anampa y otros pocos más. Generalmente esperaba que mi grupo más cercano de amigos (Billy; Heredia, Marcelino y Oscar) salieran del salón para recién hacerlo.

Historia Universal, con la profesora Nelly Pérez, era mi curso favorito. Los exámenes los terminaba en cinco o diez minutos, después, a esperar...Minaya, como siempre, se levantó dio una veloz mirada a mi hoja y de un brinco regresó a su asiento. La señorita Nelly se percató de ello y pidió los exámenes (las hojas de Minaya y mía). Pensé que me iba a poner un cero. Tenía buenas migas con la maestra y al final eso pesó. Nos dijo que iba a comparar las respuestas y de luego emitiría un veredicto acorde con los hechos: Veinte para mí y cinco para Minaya...

Después de los exámenes, las caras de preocupación y gestos de resignación eran unánimes (en el dolor, hermanos). Yo, no me preocupaba mucho. Sin embargo, compartía aquellos momentos con mis mejores amigos. Si era viernes, nos íbamos a jugar pelota al Malecón de Miraflores. Después de estudiar, jugar nos caía como una bendición.

Perdido en el laberinto de tu oreja

escuchando el murmullo de tu alma

mirando como los sueños "viejos" se alejan

mirando llegar a los "nuevos", llenitos, de esperanza.

Los gritos se convirtieron en arrullos

los llantos en alegres cantos

alejando fantasmas y desvelos

como por encanto...

sábado, marzo 19

Día Lunes


Lunes muy de mañana, aún somnoliento espero en el paradero del Puente Atocongo al "Venegas". A diario y a la misma hora veo a las mismas personas: La chica del "Elvira", de tez trigueña y cabellos cortos, acompañada de su madre y sus pequeños hermanos, el chico del "José Olaya" y su actitud de autosuficiencia, la señora gordita de ojos grandes y ojeras pronunciadas, el señor del cabello bien peinado y bigotitos perfectos...el "Venegas" da la vuelta y todos se agolpan en las puertas para subirse en él, gente rezagada corre para alcanzarlo. En el fondo del bus, sentada, la chica de tez blanca, cabellos largos claros y ondeados... Durante meses hemos viajado juntos. Siempre la he mirando con el rabillo del ojo o alguna vez con total frescura. Le calculo unos doce o trece años, por su seriedad le pondría más, pero, prefiero imaginarlo así. Siempre con su chompa granate que hace juego con el tono rojizo de sus cabellos. Yo, me encontraba en los doce años, tiempo de cambios, crecimiento y otras reacciones incontrolables en mi organismo. Sin, embargo, con aquella chica, mi actitud era pura y meramente "observativa". Me recordaba a las "Mamachas" de los cuadros de la Escuela Cuzqueña que había visto en las clases de Educación Artística del profesor Bustos. La miraba embobado... Ella bajaba en Surquillo y yo en el puente Ricardo Palma de Miraflores... Me encantaba coger aquella ruta, porque podía ver a mi antiguo colegio de ladrillos color marrones y su puerta antíquisima... Cruzaba La Paz y llegaba a la juguetería de grandes ventanales, todavía cerrada, allí, estaban los carritos metálicos que tanto me encantaban. Más de una vez, siendo pequeño, lloré colgado de la falda de mi madre por uno de ellos..., ahora con otra actitud los veía, pero, no con el deseo de antaño, ya era mayor para esas cosas... Pasaba por el frente del "Elvira", chicas asomadas por las ventanas del segundo piso te mandaban besos volados y risas al viento. Al frente el pimbol de Miraflores. Cruzaba Larco y llegaba al parque central y avanzaba de manera diagonal hasta llegar a la mole de la Iglesia de Miraflores, lugar donde hace un par de años hice mi Primera Comunión, lo que más recuerdo de aquella ocasión son los pellizcos de la catequista para que cruzáramos los brazos antes de entrar al templo... Llego al parque Kennedy, luce desierto e inerte. Bajo hasta la calle Bellavista. A mi izquierda el Bowling de Miraflores (el pimbal más grande y del que eramos asiduos concurrentes, aunque, muchas veces tuvimos que escapar al vuelo por las recientes batidas). Volteo a la derecha un par de cuadras hasta llegar al portón metálico de un color oscuro indefinido. Todavía no hay nadie. La gente del lugar sale a trabajar o llevan a sus hijos al colegio. Poco a poco empiezan a aparecer rostros conocidos de algunos compañeros o de niños de otras secciones. El auxiliar llega con premura y abre la pequeña puerta ubicada en el vientre del portón... Somnolientos, tímidos ingresamos al local. Es difícil determinar el tiempo de esta construcción. Aulas de quincha con techos de eternit ondeados sujetados con ladrillos, el patio principal que hace de loza deportiva, luce grietas y desniveles en varios sectores, los arcos de madera empotrados en el concreto que usamos para jugar fulbito, al fondo y alrededor un pequeño muro de concreto pulido que nos sirven de asientos. Lo más destacado se encuentra a la derecha del portón de entrada, los baños. La construcción en este ambiente es reciente, todo allí luce nuevo y contrasta con el resto de edificaciones. Algunos niños entran a los baños, otros permanecen en el patio formando grupos que hacen de la espera un momento de relajo con risas libres y juegos de manos. Yo, prefiero ir al salón a esperar la llamada a formación. Mi salón se encuentra al fondo del patio, a la mano izquierda. Hacia allá me dirijo, cruzo el frente del 2do. B (el único salón con ventanas de vidrio), sigo avanzando y casi al frente de 2do B se encuentra el 2do. C, sin puertas y un enorme hoyo rectangular que hace las veces de ventana y que apenas empiñándose uno se puede ver el interior del salón. Sigo caminando y doy con mi salón. Hay que tener cuidado, pues, en la entrada hay dos peldaños altos que nos conduce a un subnivel. El color beige de las paredes y el zócalo terroso hacen juego con el marrón de las tres filas de pupitres bipersonales. La pizarra de un verde oscuro (pintada en la pared) acompañada de la infaltable mota y pedazos de tiza. Una pequeña carpeta que hace las veces de escritorio de los profesores y una silla sencilla que le hace compañía. Y al fondo del salón , en el punto extremo, una entrada, que a través de un pasillo, conduce a otro salón (un salón dentro de otro salón).

El timbre suena a las ocho en punto. El auxiliar de secundaria con su vara ordena desalojar los salones. Todos tienen que estar en el patio. Se forman las filas con desgano. Los más pequeños adelante, los grande detrás. El auxilar adjunto, Gonzáles (moreno alto), supervisa con su vara la formación y la rectitud de las filas. Otro Lunes sin química. Siempre nos toca química a la primera hora. No recuerdo haber recibido una clase de química en Lunes. Cuando las filas ya están formadas y sólo el silencio impera, el director ordena cantar el Himno Nacional. Cientos de voces se confunden, unos llevan prisa, otros se retrasan, Gonzáles con su vara pone orden al desconcierto. Algunos se ríen y para molestar comienzan a cantar a gritos... La ofuscación en los profes y el director son evidentes. El director mantiene la compostura y se manda un discurso que dura mucho tiempo... Y para aquellos que estábamos despiertos nos conduce nuevamente a la modorra y al aburrimiento. Bueno, menos mal que no tendremos Química a la primera; a otros les va peor porque tienen que perder la primera hora de Educación Física y los partidos de fulbito.

La segunda hora es de religión. El "Curita", formalito al vestir y de aspecto y modos "delicados" nos dicta el curso. Su clase, también, consiste en exposiciones y después paséandose (contorneándose), con las manos libres como palomas, nos habla de Dios, amor y bondad mientras acaricia nuestras cabezas, rostros y pechitos. Abraza a muchos, algunos corresponden a su abrazo, como aquel compañerito que, mientras, soba la espalda al "Curita", une pulgar e índice dejando los dedos restantes levantados... Todos tenemos en claro las tendencias del "Curita" y nos mostramos a la defensiva, lo rechazamos y otros no...

Luego la hora de Historia del Perú con Pastor Dávila. No sabemos como obtuvo el título del maestro. Parece un auxiliar más, pues, siempre lo vemos más preocupado por la conducta de los alumnos por patios y aulas como un ave de rapiña. Sus clases consisten en coger el libro de historia, leer rumiando y explicar aquello que ha entendido. Si añadimos como característica, suya (muy suya), peculiar la debilidad de su memoria de corto plazo, sus clases se vuelven insufribles. Se ve forzado a recurrir al texto a cada instante u otras veces sólo lo lee (o pretende hacerlo). También es practicante activo del castigo corpóreo (en otra vida debió formar parte de la Inquisión). Tiene como instrumentos de tortura, una pequeña regla con hoyuelos y una vara de madera enorme. A mí me presentó a la vara grande. Cuando una vez, estando en plena clase, los rayos solares de un Sol radiante se filtraban por los huecos del techo y daban contra mi cara. La luz me obligaba a cerrar los ojos y hacer un mohín de incomodidad. A Pastor le pareció que me burlaba de él, no me dio tiempo de explicar y un varazo seco impactó contra mi cráneo. U otra vez (cuando llueve todos se mojan) se le ocurrió revisar cuadernos. Nadie llevó cuadernos aquel Lunes fatídico.Castigo general. Todos teníamos que ir al cadalso. Pero, nos confería una gracia, podíamos elegir el castigo. "Reglita" o "Caricias". El primero, Minaya, escogió "reglita". En dos ocasiones esquivó la regla, la molestia de Pastor era grande y a la tercera fue la vencida... La lanzó con tanta fuerza que aún resuenan en mis oídos el impacto de la regla contra la mano de Minaya y el "¡Ay!" que retumbó, como eco, en todos los espacios y recodos del Aula. Minaya tambaleándose y agitando la mano con fuerza se dirigió a su carpeta con algunas lágrimas en su ojos... Tocó mi turno, escogí "caricias". Con ambas manos frotó mis orejas hasta sentirlas arder como "chicharrón a la plancha" y aplicó doble palmada, como platillos, sobre mis mejillas... Así desfiló todo el salón, algunos sonreían nerviosamente y les iba peor. Todos escogían "caricias" y regresaban con las mejillas coloradas. Hasta le "cayó" a Proaño, el chico más calladito del aula, aquel que sacaba puros veintes en conducta. El timbre de recreo nos hacía huir del salón. Ir al cafetín, comer un pan con huevo o palta y observar los partidos del Mundial en la pequeña TV blanco y negro.

Después del recreo, Formación Laboral. El curso más aburrido. Los palitos, los hilos de colores no compaginaban con nuestras actitudes de hombrecitos en pleno desarrollo... Luego Educación Física. Nos quitábamos los uniformes en forma apresurada y corríamos al patio. Hacíamos calistenia y ejercicios tratando de no molestar al profe para que nos de más tiempo para la pichanguita... ¡Qué hermosos días! Días sin preocupaciones ni temores. El Mundo nos sonreía...

viernes, marzo 18

FLOR


Jueves... La tarde en su estertor. Un sol anaranjado se pierde lentamente tras el horizonte plateado. Los latidos de mi corazón, cual tambor tribal, envueltos en un son cadencioso y anhelante. La combi va a cien al igual que mis ideas. Destino final: Los ojos de FLOR. Nos citamos en un lugar neutro. Ni en su territorio ni en el mío. La espero bajo la silueta de la mujer roja en la Alameda. Tarda. No aparece. La busco entre decenas de rostros... No encuentro sus ojos...

Una brisa fresca, revestida de nocturnidad, invade mi cuerpo que se entrega al efluvio hedonista de su paso. Mi mirada la busca... Mis ojos la hallan (me sacudo de la modorra) y se pierden en los suyos. Tranquilo, como contando sus pasos. Su sonrisa de niña, su piel blanca de leche, cabellos claros que bailan al ritmo de un viento osado y sus ojos ¡Qué hermosos ojos! Verdes como el mar, verdes como la esperanza, verdes...

Enfundada en un polo cortísimo, con un escote profundo, dejando su delineada figura expuesta a ojos extraños que la miran con deseo. Esta noche eres mía, sólo mía. Nos unimos en un abrazo sincero, mis labios en sus mejillas, sintiendo su tibieza. Conozcámonos. Intercambiemos palabras. Noto tristeza en su mirada y afloran sus sentimientos: Había entregado su corazón al alguien que le prometió sinceridad, ante todo, y que pronto cambió por traición. Sus ojos húmedos como el mar encontraron en mis palabras sosiego, me contó mas...

Sus años de niñez y adolescencia transcurrieron apaciblemente frente al mar de Mollendo. El ruido de olas golpeando la costa y la brisa marina forman parte de sus recuerdo más frescos y vivos...

Hace ocho años que dejó su querido Mollendo. Hace ocho que que lo dejó y sin quererlo... Cuando Flor, tenía 17 años tuvo que cargar con la penosa tarea de cuidar a su madre: Padecía de un cáncer incurable y doloroso. Constantes viajes a la ciudad de Arequipa mermaron la economía familiar. Flor y su madre tuvieron que quedarse solas en Arequipa para estar cerca del Hospital a donde asistían con regularidad. Su padre por motivos de trabajo tenía que quedarse en Mollendo y sus hermanos no podían venir de Lima. Flor acompañó a su madre en las horas difíciles. Compartieron los últimos instantes de madre a hija. Su madre le hizo prometer no dejar Mollendo y cuidar a su padre: Flor lo prometió. No pasó mucho tiempo de la muerte de su madre, Flor estudiaba educación en Mollendo, y su padre encontró nueva pareja... Y entre ellos decidieron el futuro de Flor: Tenía que irse a Lima. Esto como una directiva sin derecho a réplica u opinión. Una tarde en que regreso de estudiar, Flor, se encontró con sus maletas listas. Se sintió remal (por incumplir la promesa). No habló con nadie. No se despidió de nadie. Sintió rencor por su padre. En el omnibus, camino a Lima, lloró y lloró...

Odió a Lima desde el principio. Extrañaba su casa frente al mar. Para distraerse formó parte de un grupo juvenil en la parroquia del lugar. Se distendía. Olvidaba sus penas, amores y rencores. Por otro lado, le encantaba el fútbol y lo jugaba muy bien. Convocaron un campeonato inter-parroquial y fue una participante destacada. Recuerdo un hecho: Tras marcar un gol, una de sus rivales en una jugada posterior le aplicó una artera pateadura que la hizo llorar de dolor... La rival se le acerca, Flor pensó que para pedirle disculpas, y le dice: "Eso es por el gol..." Era su bautizo en Lima. Las cosas aquí no iban a ser nada fáciles.

Conoció un par de chicos e igual número de decepciones. Tampoco en ese terreno le iba a ser fácil. Retomó la carrera de educación inicial. Su corazón se lleno de amor hacia los niños, de paciencia e inocencia, buenos pensamientos e ideas de un futuro propios.

Y, ahora, Yo, frente a ella, tomándole las manos y perdiéndome en su ojos...

miércoles, marzo 16

Mis Profes

(¡Feliz cumple Jeafeth!)


El año en el que inicio la secundaria empezó de mala manera: Anita, una compañera de toda primaria, falleció en el primer mes del año. Vivía a espaldas de mi casa. Durante los años en que fuimos compañeros de escuela, mis hermanas y mi madre me molestaban con ella. Era una chica delgada, alta y de unos expresivos aunque tristes ojos negros. La noticia de su muerte me cayó como un balde de agua helada. Recuerdo haber ido a su velorio. Muchos rostros tristes alrededor. Su padre sereno, con los ojos rojos y brillosos. Su madre abrazada a sus hijos (Cochi y Raúl) llorando a mares, inconsolable. Me acerqué al féretro lentamente y la ví... Me impactó lo demacrada y gris que lucía. Sentí la dureza de su piel enfundada en el rictus mortis.. Sus fosas nasales taponeadas de algodones y sus ojos semicerrados. Ví la muerte de cerca y la verdad es que me impactó, y aún ahora, en que escribo estas líneas siento los escalofríos de entonces. No lloré, experimenté una sensación de vacío, de nada. Sentí languidecer. Me fui a casa oyendo a mis espaldas murmullos y letanías...

El primer día de clases, en el Federico Villarreal de Miraflores me pareció extraordinario. Cientos de chicos yendo y viniendo, hablando fuerte y diciendo groserías... Venía de un colegio mixto y las "lisuras" no eran, definitivamente, comunes. Jamás, hasta entonces, mi boca había proferido un "carajo", "mierda", "chucha" y mucho menos un "Con%&@ su m$%·%". Mis oídos vírgenes notaron la diferencia y no se acostumbraron al cambio. El Villarreal, era un colegio estatal. Los niños venían de diferentes lugares: Los había blancos y rubios del mismo Miraflores; morenos y mestizos de Surquillo y zonas populares de Miraflores; y mestizos provenientes del cono sur (como era mi caso). Las imputaciones o referencias racistas en boca de niños crueles eran una reprochable constante. Yo fuí víctima de ellas, aunque provenientes de una sola persona: Sandro. Surquillano, hijo de p...olicia. que no se cansaba de enrostrarme y gritarme sin motivo alguno "Serrano" para que todos lo oyeran. Jamás en mi vida (10 años y medio) nadie me había "insultado" y menos de esa manera. Yo me mostraba sereno, aunque a veces incómodo por la actitud de Sandro.

Hice muchos amigos rápidamente a diferencia de Sandro, que quien con su altivez mantenía sólo contacto con un grupo reducido, el de los "matoncitos". Pronto me destaqué en los estudios. Mi fuerte era la Historia Universal. Me encantaba la manera tan apasionada con que la profesora Nelly nos contaba sobre culturas de otras épocas y lugares del Mundo.

El profesor de Historia del Perú se llamaba José Antonio Jiménez León. Lo apodaban "Mamapancha" por su caminar lento y arrastrando los pies como si llevara exceso de peso en el trasero. Su forma de hablar era desdeñosa. Infaltables sus notas en papel amarillento que llevaba dentro del saco y que al terminar de tocar un tema (muy superficialmente) sacaba para hacer las preguntas de su clásico "cuestionario". La mayor parte de sus clases consistían en exposiciones. Siempre exponíamos al comienzo de cada clase. El profe era partidario del sistema memorista. La mayoría de compañeros mostraba dificultades. Yo me desenvolvía bien. Tenía muy buena memoria a excepción de aquella vez (única vez) que sentí mi mente en blanco en plena exposición. Las palabras de "Mamapancha" vienen a mi mente como: "Se acabó la pita", "Asieeeeento". Yo, rojo, como ketchup sin envase y con ese ardor infaltable en mis mejillas y orejas.

El Profesor Pedro Vilca de Ciencias Naturales. Gordito, pálido de tez y rasgos andinos. Llevaba la clase con soltura y llenaba sus disertaciones con esa tonadilla argentina inconfundible de "Y qué se llo" que a todos nos chocaba de entrada y producía risitas escondidas. En fin, en líneas generales su desempeño era discreto y aceptable.

El profesor Torres de Matemáticas. Debía de estar en los 65 a más años. Siempre con un humor de los mil demonios y acompañado de su inseparable amiga, una regla muy larga. Recuerdo, una vez, durante los primeros días de clases, en que me encontraba repasando una lección mentalmente con los ojos cerrados... De pronto, siento el impacto del revés de una mano... Torres pensó que dormía, no me creyó que estaba repasando una lección (para alguien que no estaba acostumbrado a mentir también aquello resultaba chocante). Recuerdo, otro hecho, Cuando Oscar Huamán Cusi (mi compañero de carpeta) llegó tarde a clases. La primera hora correspondía a matemáticas y Torres salió un instante al balcón del aula. Oscar no reparó en ello. Dejó sus cosas en el escritorio al llegar y de entre ellas cogió una hoja de papel, se dirigió al frente e hizo una imitación del Profesor: "Sacar su hojita de papel...". Todos le hacíamos señas con los ojos. Giró a su izquierda y se encontró con Torres, quien lo observaba con los brazos cruzados y una sonrisa diabólica. Oscar quedó petrificado con la boca abierta. Torres si se movió. Llegó hasta él lo cogió de una oreja y lo zamaqueó con fuerza, terminando la tortura con su infaltable bofetada. Oscar tuvo en Torres a su primer crítico en el arte de la imitación. En el curso yo iba realmente mal. Extrañamente siempre aprobaba. Es una de las cosas que más me intriga en la vida.

El Profesor Paredes de Geografía. Era un tipo campechano, de hablar popular. Tenía un rostro tosco y le colgaban las mejillas (me recordaba a un perro buldog). Siempre con los cabellos largos y engominados. Tenía algún tipo de convenio con una editorial, pues, lo encontrábamos más preocupado en vender libros de geografía que en la calidad de su clase, la cual era sumamente pobre.

El profesor Víctor Barahona. Estudiante de Derecho. Muy discreto al vestir y empalagoso al hablar. Se notaba resentimiento en sus palabras. Venía muy poco a clases o muy tarde. Su modo de calificar era incalificable. No dictaba clases, contaba sus problemas, paltas y demás cosas personales. Tomaba examen y jalaba a todos. Estuve a punto de salir jalado un bimestre. Iba colocar un diez en el registro, pero algo lo distrajo, hizo una pausa y coloco un once. Actualmente es un destacado abogado tributarista y lo he visto varias veces en TV opinando sobre temas relacionados a tributación.

La profesora de Literatura (no recuerdo su nombre): Una belleza. Blanca como el mármol y dueña de una figura despampanante. Turbaba a todos, incluso, a mí (chico poco experimentado en aquellas lides). Era realmente bellísima. Recuerdo una vez que llegó depre a clases, pues su abuela había fallecido. Nos pidió disculpas y sólo apoyó su cabeza en el pupitre con las piernas semiabiertas. Todos se esforzaron en bajar la mirada, el cuello y la mayor parte del tronco para ver las prendas íntimas de la profa. U otras veces: El final de su clase daba inicio al recreo. Un grupo considerable esperaba que la profa saliera para salir junto a ella. Los "paleteos", "roces" y la incomodidad de la profa era pan de cada inicio de recreo. Ella no podía creer que niños tan "pequeños" pudieran hacer aquello. El gesto de disgusto en su hermoso rostro era notorio. Para evitar esto en los siguientes días, esperaba a que viniera Torres y su regla enorme para recién salir del aula.

Bueno, éstos son sólo algunos de mis profesores de inicio de Secundaria. Más irán apareciendo en los años siguientes y en otros artículos que publicaré más adelante...

Alonso y Camila


Alonso. 24 años. El orgullo de sus padres. El primero en ingresar a la Universidad y a la primera. Siempre sobresaliente en los estudios. Sumamente competitivo. El primero en todo. Sin embargo, algo falló. Nadie entendía por qué había dejado sus estudios inconclusos. Ni sus compañeros pudieron establecer un razonamiento lógico que les permitiese establecer con claridad y certeza por qué el chico alegre, a veces tímido e introvertido, de fácil hablar, adecuados momentos de silencio y mejor amigo había tomado tan desafortunada decisión. Se le extrañó mucho. Llamaron a su casa incesantemente. Jamás respondió una sola llamada. Jamás volvió a pisar las aulas universitarias.

Consiguió un trabajo que le permitió vivir con cierta tranquilidad. Sus días eran tristes, sus noches insoportables. Insomne. Con los nervios colapsados. Fue sedado un par de veces. Le recetaron ansiolíticos por un periodo de seis meses. Se volvió adicto a una paz artificial. A una realidad distendida e irreal. Creyó con ello escapar de sus temores, de sus fracasos. Su familia le dio la más absoluta y total tranquilidad: Sin presiones ni reproches.

Cuando creyó alcanzar cierto nivel de paz tolerable volvió a laborar. Frecuentaba reuniones ocasionalmente. No se mostraba cómodo. En una, de aquellas reuniones, conoció a Camila. Al verla se le iluminó el rostro. Sintió paz... Después de muchos años sintió paz. Conversaron. Se sintieron conectados. El feeling fluía naturalmente. Sintió que había encontrado su destino. Su tabla de salvación. La felicidad.

Camila. 22 años. Estudiante de educación. Chica muy inteligente. Sencilla, sincera. Poseía una figura alargada, cabellos cortos y oscuros (el marco perfecto para un rostro de finas facciones), ojos negros, nariz pequeña, labios delgados y sonrisa de luna, cautivante. Sintió lo mismo que Alonso, la primera vez, el primer flash...Observaba cada uno de sus gestos. Sonreía y le miraba a los ojos sin pestañear.

Habían nacido el uno para el otro. Se volvieron inseparables. Al salir del trabajo él iba a buscarla. Se les veía conversando en parques, calles y avenidas. La caída de la noche, el paso incesante del tiempo hacía de la despedida momentos de adioses interminables con mimos y besos tiernos. Muchos fines de semana los pasaron juntos en playas y en el campo. La prioridad de Camila eran sus estudios y Alonso lo entendió así. Tuvieron paciencia y llevaron una relación sólida con algunos problemillas como cualquier pareja pero siempre predispuestos a solucionarlos.

Se entendían de maravillas. Podían hablar con las miradas. En noches de luna y frío, abrazados, leían poemas de Neruda y Bécquer. Lecturas que intercalaban con besos y suspiros. Le gustaba acariciar sus cabellos y sienes... Verse reflejado en los ojos de Camila.

Camila se graduó con honores. El la acompañó en todo momento. Conoció a los padres de Camila e hicieron buenas migas. Planearon casarse. Camila, quería antes llevar un postgrado. Trabajaba y estudiaba. Y mucho.

Tantos años juntos. Almas gemelas. Confianza absoluta y un seguro destino juntos. Destino, cruel palabra asociada a hechos inexorables e inesperados. Camila, con un grupo de niños del colegio donde laboraba y otras maestras se dirigieron a un destino no deseado: La muerte. Camila desapareció para siempre. Voló al cielo como un ángel acompañada de un grupo de querubines.

Alonso se sintió destrozado. Fantasma errante de noches vacías. Esclavo del recuerdo y del no olvido. Muerto en vida. Dejo de amar a la vida y abrazó a la muerte. Fue rescatado por manos piadosas que le dieron ternura y paz temporal. Jamás pudo llenar el enorme vacío dejado por Camila.

Camila en sus sueños... Abrazado a una almohada rellena de recuerdos y esperanzas... Vanas. Jamás se recuperó y jamás lo hará. El recuerdo imperecedero de Camila, dejó huellas y cicatrices en el alma, imborrables como estigmas labrados con la maldición de no poder volver a amar.

martes, marzo 15

Intento de seducción... Exitoso


Tenía 10 años. Cursaba el último año de primaria. Me habían nombrado policía escolar y la verdad... lo odiaba. Tenía que poner orden en la formación y no era precisamente un chico de carácter. Los demás, lo ponían en evidencia, haciendo mofa de mis órdenes (súplicas) o simplemente, me ignoraban. También, en mi sección, habían nombrado como policía a Eduardo ("Fosforito"), moreno de cabellos lacios. El, era hiperactivo, escandaloso, chismoso y ante ello, todos iban a formar para no sufrir más de sus gritos o aspavientos.

La sección del 6to. "A" era de las más tranquilas... Pero al irse la maestra, dejando la clase en suspenso, estallaba la algarabía y el desenfreno. "Fosforito" se multiplicaba, ordenaba a todo el mundo que se callara. Nadie le hacía caso. Amenazaba con hacer una lista de nombres y entregársela a la profesora. Me ordenaba a mí escribirla...Todos eran mis amigos y amigas. Salí del salón a respirar tranquilidad. En los demás salones el ruidos, los gritos eran iguales. Cada vez que había una reunión de maestras el recreo entraba en los salones.

La auxiliar (la nueva) iba de un salón a otro poniendo orden y tan pronto salía el silencio desaparecía. Yo,bajaba las viejas escaleras, me gustaba deslizar mi mano por la baranda... La auxiliar al verme me llamó y me dijo que fuera a buscar a las policías escolares de 6to. "B". Regresé sobre mis pasos. Crucé el frente de mi aula, torcí a la derecha y al fondo. Y allí estaba la sección de 6to. "B". A comparación del resto, aquí sólo se oían cuchicheos y ruidos de hojas... Abrí la puerta y el rostro de espanto se dibujó en la cara de muchos... La profesora los había dejado en pleno examen y ellos aprovechaban para "consultar" sus libros y apuntes... Las policías escolares también... Las llamé y les dijé que la auxiliar quería verlas. Salieron y cerraron la puerta. Y se volvieron a escuchar los cuchicheos...

Ambas se pararon frente a mis ojos. El pasillo estaba desierto. Me sentí devorada por dos pares de ojos. De pálido pasé a colorado. Paty, rubia, delgada, de piernas largas y delgadas, ojos celestes como el cielo y en actitud fresca, atrevida. Mónica, alta, cachetona y al sonreir se le formaban unos hoyuelos, como en aquel instante. Comenzaron a girar alrededor mío y yo turbado, totalmente azorado, a punto de hacerme la pis... La auxiliar llegó al rescate. Venía subiendo las escaleras con premura y al vernos nos llamó y señalo que nos dirigieramos al primer piso. Allí, nos asignó mantener el orden y disciplina en secciones de 4to. y 5to. La sección que me tocó era de las más tranquilas. No había mucho que hacer y salí a caminar. En la oficina de la auxiliar no había nadie. Ella también había ido a la reunión.

Entré en le oficina y todo estaba muy ordenado. Me acordé de mis momentos pasados en ese lugar y sonreí. No sé por cuánto tiempo... El golpe de la puerta al cerrarse, me hizo reaccionar, y dos niñas (Paty y Mónica) acercándose como femme fatales. Y yo retrocediendo.. Rozando, con las manos en la espalda el borde del escritorio (mis dedos resbalaron un par de veces). Huyendo de sus miradas. Colorado y ardiendo. Se acabó el camino. No había más espacio entre mi espalda y el muro. Acorralado. No había escapatoria posible. Las manitas de Paty y Mónica recorrían mi cabeza, cara, cuello y hombros... Disfrutaban de mi incomodidad. Paty totalmente deshinibida se me paró al frente. Intentó besarme. Le rehuí. La esquivaba. Cerraba los ojos y labios con fuerza. Intenté escapar y di contra los pechos de Mónica (bastante desarrolladita la niña). Quise pedirle "perdón" pero mi sorpresa fue enorme. Mi curiosidad mayor. Dejé la boca entreabierta y Mónica me besó. Con mucha suavidad y delicadeza. Un hilito nos unía y apresuré en apartarlo con el revés de la mano. Sentí una sensación extraña, nueva, agradable. Un escalofrío recorría mi espalda. Paty, se acercó y también me besó. Su beso fue algo torpe, como un impacto de dos cuerpos a velocidad. Luego se corrigió ladeó su cara y me besó... Y yo la besé. Me volví en participante activo en una ronda interminable de besos, de besos tiernos sin una pizca de malicia. Cerraba los ojos al besar y ellas igual... Se escuchó ruido afuera y nos apresuramos en salir. En la puerta nos topamos con los ojos de la auxiliar. Digo los ojos porque es lo que más recuerdo: Enormes y fuera de su órbita. No nos preguntó que estábamos haciendo. Nos ordenó regresar a nuestras respectivas aulas, pues,la reunión de maestras había concluido.

La auxiliar me quería mucho y lo demostraba. Yo me sentía bien. Figúrense que a finales de año, en la entrega de diplomas (me llevé los primeros lugares en conducta y aprovechamiento), se creó una nueva categoría: "Mejor Policía Escolar" y adivinen ¿quién lo ganó?. Paty y Mónica aplaudían, daban brinquitos, levantaban los brazos en señal de triunfo y le hacían mofa a "Fosforito". Yo, sonreía, rojo como un tomate.

lunes, marzo 14

TIEMPO


Once menos diez en el reloj de la pared. "No, no creo que sean tan tarde". Veo en el reloj de la cómoda, casi las diez. El reloj de la pared hace semanas que se detuvo y siempre olvido ponerle una pila nueva. El tiempo (buena excusa), que puedo decir de EL: El tiempo avanza, el tiempo no retrocede, el tiempo pasa y pesa, el tiempo deja huellas y cicatrices, el tiempo te da madurez, el tiempo te resta vida, el tiempo trae achaques, el tiempo lleva (y trae) recuerdos, el tiempo trae olvido... El tiempo, es amigo y enemigo a la vez (><).

Por mucho (tiempo) "vi" el tiempo pasar (si me permiten la expresión) como río a mi lado (y yo sin mojarme). Me mostraba displicente a su paso. No lo veía como a un enemigo, sino como comparsa. Hablaba del tiempo y de los tiempos idos. Hablaba del pasado y el devenir. Hablaba y hablábanos del presente y futuro sin sentirme víctima o beneficiado por él. Siempre escuchaba "Ustedes son el futuro de la patria". O hace poco : "Ustedes son el futuro del mañana", frase que provocó mi hilaridad, que tuve en prisa ocultar para no ganarme una "piña" del interlocutor (Estaba en la clausura del año escolar de mis sobrinas y la verdad que no merecían la calidad del discurso que estaban recibiendo, la ignorancia es sumamente temeraria).

Retomemos. Ahora concordemos con la idea de que el tiempo pasa. Claro. OK. Sí, el tiempo pasa, y para todos (incluso para mí). Aunque les diré que yo me quedé en los 17 años. Y he notado lo mismo en otras personas (no en todas) que se quedaron, a pesar del paso de los años, en una edad determinada. Detuvieron (detuvimos) el reloj (como mi reloj de pared), nos negamos a crecer y cambiar. Sirviéndonos ésto como excusa para actuar, de manera inmadura e irresponsable, sin remordimientos ni culpa (inmunes al arrepentimiento: Lo cagado cagado está). O en otro caso, llevando una edad cronológicamente acorde a los años transcurridos caemos inconscientemente en comportamientos inadecuados. Ocurre, y ocurre con frecuencia que nos negamos a crecer porque le tememos al cambio, al destino, a la muerte. Descuidamos nuestro avance, le ponemos trabas y abortamos nuestro futuro. Tratamos de cambiar, pero nos gana la costumbre, la ceguera autoimpuesta y caemos en la inacción. En lugar de trascender nos colocamos en el último lugar de la cadena evolutiva. Nos tornamos conformistas, buscando un trabajo que nos dé para vestirnos, comprar algunas cositas,llenarnos la panza, tener hijos y morir.

Lo ideal (siempre hablo de lo ideal) sería (esto como un deseo sincero y empujando el carro) que todos procuremos (Procurar: paso a paso se llega lejos) obtener nuestro propio desarrollo integral, complementando a los estudios y a otros aporte que encontremos. Avancemos un poco cada día. No importa empezar tarde. No debemos sentir vergüenza por el "qué dirán". Seamos los artesanos y constructores de nuestra propia belleza (física, humana, espiritual, moral) interior y de nuestra interrelación con el resto de personas. Que el avance sea parejo, en la medida de lo posible, y que no se detenga. Distraigámonos, sí, sólo por un rato (Hasta Dios descansó), pero no nos detengamos. Crecer y crecer hasta que nuestros cuerpos y fuerzas nos abandonen al morir.

Hoy, estoy sensible. Hoy, todo me toca y me raspa. Y me raspa hasta al alma. Hoy, puedo hacer algo por mí, avanzar. Hoy, puedes hacer algo por tí, no detenerte. Descansa, si quieres, diviértete también, pero, no te detengas. Comparte tus avances con cualquiera que te acompañe (convidado o no). Expande tus horizontes, amplía tu mente, abre tus alas, abre tu corazón, haz el amor. Vive y comparte. Sé feliz.

domingo, marzo 13

Libros buenos, libros malos


Los libros nos acompañan en todas las etapas de nuestra vida. Aprendemos a leer a los 4, 5 o 6 años. Algunos lo hacemos con gusto, otros a regañadientes. Algunos los convertimos en nuestros mejores amigos, otros en la peor pesadilla. Puede causar placer leerlos y para otros resultar una insoportable tortura. Yo aprendí a leer a los 5 años, era el más pequeño del salón y el más llorón de todos. Cada mañana era un martirio ir de la mano de mi madre al Manuel Bonilla de Miraflores... Ingresaba con cierto temor al interior de un vetusto local con un piso similar al tablero de ajedréz. El olor a creso era insoportable, me producían arcadas. Cogido de la mano de mi madre me rehusaba a ingresar al aula. Por más ruegos de la profesora y de la anciana auxiliar, no daba mi brazo a torcer. En un descuido mi madre escapaba y yo explotaba en llanto. Entre la maestra y la auxiliar me cogían de brazos y piernas (las patié más de una vez) y me llevaban a la oficina de la anciana. Aplacado mi ímpetu y agotado de tanto llorar, permanecía sentado en una silla, mientras la anciana auxiliar de cabello blanco y esponjoso, escribía y escribía. Dejándome llevar por la curiosidad, miraba alrededor. En el fondo, detrás del escritorio existía una anaquel con una cantidad importante de libros, todos gruesos y de pasta dura. El mueble, los libros, todo, lucían muy pulcros. La anciana no me miraba, sólo escribía. De rato en rato se detenía y me ofrecía un marshmelow de colores, yo no aceptaba... Al principio. Luego cedía irremediablemente.

Entre llantos y pataletas matutinas me convertí en un asiduo asistente a la oficina de la anciana auxiliar. Prácticamente todo el mes de abril la había acompañado. Calmado (con cierto temor) ingresaba a clases después del recreo. No participaba mucho en el aula, era sumamente arisco. Me desplazaba con total libertad por el colegio. No iba al recreo, me aturdía el ruido y los gritos de los otros niños. Me asomaba a la oficina de la auxiliar y la veía siempre escribiendo y con un libro al lado (tomando notas de él). Al verme curioso me llamaba, yo me acercaba lentamente. "¿Quieres ver lo que estoy haciendo". Yo asentía. La veía describir trazos largos. Con suma delicadeza cogía el bolígrafo dorado, a ratos se lo colocaba en la boca mientras veía un libro en el que no veía figura alguna. Me empinaba para observar. En un libro muy grueso, habían signos pequeños (para mí entonces) como cientos de hormigas en un desfile sincrónico formando líneas perfectas. Notaba mi curiosidad y a ratos me leía en voz alta. Yo escuchaba maravillado como de manera hilvanada y sin pausas iba decodificando con tanta simpleza aquellos signos tan pequeñitos que ahora me daba cuenta encerraban palabras. Al principio no entendía lo que decía, muchas de las palabras eran desconocidas para mí. Le pregunté tímidamente si yo también podía hacerlo. Aún recuerdo su sonrisa bondadosa, su voz afónica y su chal sobre el cuello, diciendo: "Tú tambien puedes hacerlo pequeñín". Sus palabras resonaron en mi cabeza como el eco.

En los días sucesivos, en el trayecto de vuelta, preguntaba a quien me acompañase, qué cosa decía en cada uno de los paneles publicitarios que se cruzaban en el camino. Al principio se mostraban displicentes, en otras ocasiones no esperaban a que yo preguntara, simplemente, me lo leían... Poco a poco le daba sentido a las palabras escritas. Ya había dejado la pataleta y el llanto de lado, ahora era yo quien quería ir al colegio. Obviamente iba muy retrasado con respecto al resto de pequeños alumnos. Sin embargo, tenía muchas ganas de aprender. Cuando la maestra salía nos dejaba cargo de alumnas de grados superiores. Ellas sin mucho tino, me forzaron a leer, me repetían una y otra vez que leyera. Me presionaron tanto que me hicieron sentir torpe más de una vez. Veía molestia en sus rostros, impaciencia... Pedí ir al baño y me dirigí a la oficina del auxiliar. Y Allí estaba, con los ojos cerrados y fumando un cigarrillo, que apagó al verme... "No debes andar por los pasillos. Hay reunión de profesoras en la Dirección...". Bajé la mirada y no dí un paso. Mi mirada era triste y mi estado de confusión. Estaba a punto de llorar. "Ven acá", me dije con su voz ronca. "Qué pasa". Yo no contestaba. "Qué pasa", insistió con una voz dulce, distinta. Muy pocas veces se dirigía así a un alumno (siempre se mostraba seria y en su mano llevaba una regla de madera). Después de muchas dudas y titubeos le dije: "Yo quiero leer, pero no puedo..." y rompí en llanto. Me cogió el rostro con ambas manos (Nunca había visto un rostro con tantas arrugas), miró a mis ojos con sus ojos negros y me aprisionó en su pecho, mientras me mecía. Cuando me sentí más tranquilo, ella aproximo una silla al escritorio, cercana a la suya, y me dijo que me sentara en ella. De su librero sacó un libro enorme (con muchas figuras y colores: Era un cuento). Me lo leyó de manera pausada y clara. Notaba un timbre distinto en su voz (de vez en cuando tosía), las palabras se mecían en su boca. Sonaban como un arrullo. Al día siguiente y los subsiguientes, a la hora del recreo, me dirigía a su oficina, en donde me esperaba y me enseñaba palabras nuevas y me explicaba sus significados. Las alumnas grandes que se encargaron muchas veces del año en ayudarnos en la lectura notaron que ya no era necesario hacerlo conmigo y me dejaban leer o simplemente jugar a mis anchas.

En una de esas sesiones de lectura. La linda anciana me platicó sobre los libros buenos y los libro malos. Me dijo más o menos ésto: "Mucha gente dice este libro es bueno léelo, este libro es malo no lo leas. Un libro no es bueno ni es malo. La maldad o la bondad está en nosotros. Está en nosotros aplicar lo aprendido de la mejor manera. Un libro malo encierra, también, muchas enseñanzas. De los ejemplos malos podemos sacar experiencia para no cometerlos, igual, ocurre con los libros. Muchas veces te vas a topar con textos que aparentemente no tengan ningún valor o mensaje. Está en la mente de cada quien decidir si te puede servir o no. Si te sirve para el bien tómalo y si no, pues, no lo tomes, si consideras que el mensaje o la idea que trata de inculcarte o transmitirte es mala. De los libros buenos te diré: Que muchas grandes personas, históricamente importantes: Hitler, Napoleón (citó otros también, pero, cuando mencionó a Hitler su voz se mostró severa), personas dotadas de una inteligencia extraordinaria utilizaron los libros para generar guerras, muerte y destrucción. No le estoy echando la culpa a los libros. En el caso de Hitler (se le iluminó el rostro y sus labios se torcieron en señal de disgusto), hasta utilizo un "libro bueno", la biblia, para provocar una de las matanzas más horribles... (se le humedecieron los ojos, se retiró los lentes y con la yema de dos dedos apretó sus ojos). Te contaré, pequeña criatura, que cuando yo tenía más o menos tu edad fui separada de mis padres. Ellos fueron llevados a un campo de concentración. Nosotros nos quedamos con algunos amigos de la familia, y padecimos de hambre y de mucho miedo. No teníamos otra cosa qué hacer que leer y rezar. No cabía en nuestra mente imaginar que un hombre que se decía religioso podía obrar con tanta maldad. Ves, a eso me refiero cuando digo, que no hay libros malos ni buenos. Cómo un "libro bueno", como la biblia, pudo entrar en el corazón de un hombre malo, quizás sólo lo utilizó de excusa para llevar a cabo sus terribles planes, creo que fue eso. Tú tienes que leer todo lo que llegue a tus manos y tienes que aprender a diferenciar, no guiarte por las pastas o colorines, sino por lo que puedas aprender... Y por lo que tú puedas a enseñar. Los libros, son un complemento a la vida, no lo son todo. Tienes que aplicar todo lo que entiendas y aprendas en la vida. Si no entiendes algo pregunta. La ignorancia sólo desaparece cuando preguntas. El camino está ahí sólo tienes que seguirlo con tus propios pasos y éste será más seguro cuando cuentes con las mejores armas (del conocimiento) para formar parte de la vida y trascender. No ser uno más. Vamos chico, ve a tu aula y sigue estudiando". Me ofreció un marshmellow de los que atesoraba en el cajón central de su escritorio, lo cogí y le dije: "Gracias" (por el marshmellow y por todo lo que estaba haciendo por mí).

Era ya mucho más independiente a la hora de ir a clases. Siempre entraba por la puerta delantera y veía a la anciana que me hacía un gesto de saludo con una mano, mientras que en la otra se encontraba su infaltable cigarrillo. Volví a su oficina varias veces, aunque cada vez menos. Después simplemente dejé de ir.

Antes de cumplir los diez años, y habiendo iniciado mi último año de primaria, pasé por la oficina de la auxiliar y no la vi... Estaba otra persona. Una señora joven. Era raro ver a otra persona ahí. Me acerqué, los libros no estaban. La señora me preguntó que es lo que quería. "Y la señorita ......". -Pregunté. "Ahh, ella murió hace dos meses. Fumaba demasiado (con un gesto de desprecio). Anda a tu salón hijito. Aquí no tienes nada que hacer. Está prohibido que los alumnos estén por aquí...". Me retiré cabizbajo. Siempre he sido un llorón. Y lloré. Me dirigí al baño en donde enjugué mis lágrimas con mucha agua y luego me dirigí a la formación.

sábado, marzo 12

Semana Santa o Satan Week (¡Tú decides!)


Desde que tengo uso de razón las Semanas Santas han sido fechas de recogimiento y represión. En mi años niños era imposible jugar al balón en esos días. Pues no faltaba alguna persona mayor, en especial ancianas canosas, que te decían mientras se persignaban: "No patees la pelota que estás pateando a Jesús (Dios)". Quedándonos absortos y con un gran sentimiento de culpa. O te decían: "Dios te va a castigar por patearlo de esa manera" (pero yo sólo le doy al balón, pensaba en mis adentros). Nuestras cabecitas entraban en funcionamiento y veíamos a Jesús dibujado en el balón e imaginábamos el castigo que nos esperaba por parte de un Dios todopoderoso y vengativo. La idea del temor a Dios calaba en nosotros de la manera incorrecta. No nos mostraban, los adultos, a un Dios bueno sino a uno prepotente y vengativo. La idea del temor a Dios debe de estar basado en el respeto a él y a su efecto en los corazones. Y no a que nos pueda castigar por algo malo o supuestamente malo.

Con el paso de los años, esa percepción de Dios vengativo y topoderoso, quedó atrás. Ya no nos podían dominar con ese criterio arcaico y poco creíble. Estábamos en nuestros años rebeldes. Jugabamos a la pelota, sin importarnos si pateabamos a Dios o al mismo Diablo. Las palabras de viejas cucufatas no nos tocaban, nos sentíamos libres a cualquier tipo de presión no clara e infudamentada. Algunos empezaron a ir a la parroquia por propia iniciativa (las mejores chicas estaba ahí), otros los seguimos para no quedarnos solos en esos días... Los Retiros de Semana Santa se convertían en fines de semanas divertidos, en donde chicos y chicas entonábamos canciones cristianas acompañados de una guitarra. Se formaban parejas, la alegría desbordaba y en los momentos más íntimos de aquellas reuniones explotábamos y llorábamos a mares pregonando nuestras culpas...

Todo aquello también fue quedando atrás... Ahora buscábamos Semanas Santas endiabladas y desprejuiciadas. Cada uno tenía que ser independiente y hacer de ese fin de semana el mejor, el más divertido y el más desenfadado. Fue en una Semana Santa que me inicié sexualmente. A pesar que me sentía preparado para aquella experiencia, ideas prehistóricas atornilladas en mi mente me impidieron desenvolverme con soltura. El Jueves no pude hacerlo, simplemente no "funcioné"... Fui a la Iglesia en la noche y el cura desde el atril lanzaba un sermón sobre la perdida del sentido de la Semana Santa en los cristianos. Que algunos habían cambiado los días de recogimiento y oración por días de juerga y perdición. Yo, me sentí tocado. Pero algo en mi interior decía "por qué Dios se va a molestar por algo que deseo hacer de corazón con alguien que comparte lo que siento. No estoy matando ni robando. Sólo quiero amar y sentirme amado". Recé, oré por mi alma, pero también dejé en claro que iba a hacer lo que mi corazón dictara sin presiones ni chantajes. El viernes tuve mi primer encuentro sexual (el viernes de hace muchos años). Lo hice con plena conciencia y sin temor a represalias divinas o terrenales...

Ahora, ya ninguno de mi antiguo grupo de amigos (incluso yo) va a la Iglesia, a excepción de algunos que lo hacen sólo en Navidad o Semana Santa.

En estos días he recibido dos invitaciones para Semana Santa: Una de un amigo que forma parte de una Iglesia Cristiana y otra de un grupo que prefieren pasarla en Máncora. Ya no somos niños. Muchos ya tienen familia y estamos curtidos por la vida. La idea de Dios, en la mayor parte de nosotros es lejana... A excepción de uno o dos... De manera particular busco unos días tranquilos para pensar, divertirme y sentirme vivo. Estar cerca de Dios no de manera acartonada sino dinámica. Estar cerca de Dios sin estar enclaustrado en un templo golpeándome el pecho. Divertirme plenamente con la sonrisa a flor de piel y agradeciéndole por haberme dado tantas alegrías (también tristezas) y formar parte de este loco y humano mundo que cambia instante a instante.

viernes, marzo 11

Entre mierda, música y cojones


Viernes, fin de semana en ciernes (¡Un verso sin esfuerzo Je jé!). Le pedí su número a Florcita. Ella, es la auxiliar y asistente de mi hermana en el Inicial. Cada vez que iba al Kinder a recoger a alguna de mis sobrinas (¡Son tantas! Mis hermanas se reproducen exponencialmente) era imposible escapar de los ojos verdes de Flor. Siempre me preguntaba cualquier cosa y yo balbuceaba al responder. El embrujo de sus ojos verdes y su sonrisa de ratón me hacían empalidecer. Sus piernas blancas y gorditas no escapaban a mi indiscreta aunque tímidas miradas. Ello lo notaba y se divertía de lo lindo. Me miraba y sostenía la mirada hasta que yo bajara la mía en señal de rendición.

Anoche vino a casa buscando a mi hermana. Traía encima una de esas minis que a cualquiera pondría bizco y dueño absoluto de una tortículis crónica. Ella sabe utilizar muy bien sus armas.

- Hola
- Hola (Sonrisa babosa, ojos desorbitados. En ese orden y alternadamente)
- ¿Está Milagros?
- No, salió hace rato -Le dije.
- ¡Uuy! ¡Se me hizo tarde!
- ¿Van a alguna fiesta?
- Sí. En Villa María, bueno, gracias, mejor me voy...
- Son las 9:45 p.m. mejor te acompaño...
- Bueno...

Caminamos hacia el paradero. Me sentía como perrito faldero tratando de caerle en gracia. Ella sonreía y su mirada ¡Qué mirada! De veras me ponía nervioso. A veces dudaba al hablar, ella notaba mi turbación y se vacilaba...

- Oye, ¿Tú no vas a fiestas No?
- No.
- He notado que cuando hay una fiesta en tu casa sólo subes y bajas las escaleras y jamás te acercas a conversar...
-¿Sí? (Incomodo, desaflojándome una corbata invisible).
- A veces me da ganas de llamarte a conversar, pero tengo miedo que te molestes "Flaquito"...
- ¿Así? (bastante expresivo ¿No).
- No debes de tener muchos amigos a pesar de ser un chico lindo y tierno...
- ¿Qué? ¿Tierno yo? Puede ser... Pero lindo...
- Yo le he preguntado a Milagros sobre tí... También he conversado con tu cuñado en el colegio...
- Espero que te hayan dicho cosas buenas.
- No te preocupes, las mejores...
- (Un suspiro de alivio).
- Oye, ahí viene el bus, gracias por acompañarme...

Todo lo que había escuchado me dejó perplejo así es que decidí indagar algo más...

- Mejor te acompaño son más de las diez y esa zona no es muy tranquila para una chica sola y linda (Ooopsss...).

Abrió los ojos verdes de par en par y dijo:

- No te preocupes yo puedo llegar sola...
- Insisto...
- Bueno...

El bus estaba con los asientos ocupados. Así es que permanecimos parados por algún tiempo. Bajaron dos personas. Nos sentamos y volvimos a entrar en la cháchara:

- ¿Sabes dónde bajar? -Pregunté.
- No, pero sé mas o menos por donde y de allí voy a llamar para ubicarme mejor.
- Bueno... -Dije yo.

Bajamos en el lugar señalado (el paradero junto al Chifa). Ya eran las diez con treinta. A pesar que todo el día había sido un infierno de calor, ahora, corría un aire refrescante...

- Oye (le dije sacando valentía de los cojones con poco uso), me gustaría invitarte a salir un día de estos...
- Claro ¿Por qué no? Tienes que salir "Flaquito". Vas a ver que te vas a sentir bien (¿?)...
- Sí, pero, sé que estás de novia...
- Enamorada nomás...
- Pero él no es celoso...
- ¡No! El trabaja fuera de Lima y lo veo a las quinientas...
- ¿Me das tú número?
- Sí. Espera un ratito. Allí hay un teléfono. Voy a marcar para que me den la dirección exacta de la reunión...

Llamó. Pidió información y abordamos una mototaxi que nos condujo al destino señalado. En el trayecto me dio su número y procuré guardarlo en mi mente.

La dejé a una cuadra de la fiestita al despedirme le di un beso chiquito en su rosada mejilla. Abordé mi combi camino a casa, le hice adiós con la mano y la vi perderse en la distancia...

(Flor es un chica dulce y sencilla, un pan de Dios, una niña grandota. A pesar de sus 23 abriles el enamorado actual es el primero en su vida. Mejor no pienso en eso. Total, si sólo vamos a salir como amigos. Para despejar un poco la mente.)

Todo esto vino a mi mente a las 4:30 de la mañana. Me levanté temprano para limpiar la casa. Esa misma noche (6 horas antes) alguien dejó abierta la puerta del patio y salieron todos los canes (4) y llenaron la sala y el comedor de pichita y mierda. Dormía como un bebé, cuando un gritó retumbó en la estructura de mi habitación, la "suave" y "delicada" voz de mamá "suplicándome" que deje la casa limpia en la mañana pues se disponía a recibir visitas muy temprano. Sus "ruegos" y "súplicas" aún continúan zumbándome el oído medio (medio, medio sordo quedé). Y aquí me tienen acarreando valdes de agua con detergente y pino para lavar los pisos. Mierda por aquí, mierda por allá, mierda por acullá... ¡Mierda por todas partes!. Enciendo la radio para escuchar música de fondo para hacer mis tareas más agradables: "Stereo 100: Música hasta el cien" (odio los jingles y las tandas interminables de comerciales). Busco cualquier canción conocida (El CD-Player y la cassetera están malogrados). Bueno, una de Cristina y los Subterráneos: "Chico pálido", está bien para no dormirse. "Antes... Antes.. Tengo que hacer algo, ¡Ya sé! Voy a postear esa historia que siempre me olvido de publicar...". Ya está. Ahora empiezo las labores de limpieza: Valdear y desaguar. Empujar el agua hacia la calle... No hay un alma. Sólo el vigilante dormido apoyado en la pared. Al verme me saluda mientras despierta del todo y empieza a caminar mientras percuta su silbato y emite un sonido chirriante y molesto (¡Joder! ¡Que me dejas sordo!)... Empieza la tanda comercial en la radio y me apuro en cambiar de emisora. Dina Páucar, Sonia Morales (detesto esa música). Su música es pobre y sus letras tontísimas. Si por lo menos tuvieran la letra de Serrat, de Fito, Calamaro o del fumón del Charly, sonarían mejor ("pero eso sería como pedirles peras al olmo", otra frase cliché, parece contagioso). ¡Qué suerte una Fito! La que habla de romper copas y de una pachanga y encima es movida (Ta bueno). El agua parece que no se va a acabar nunca... Terminé (con los brazos agarrotados), ahora a trapear y secar... Hay que ponerle algo de ritmo a la noche. Una salsita: "Cuando parará la lluvia en mi corazón... Ahora lluvia, dime que no he sido solo una aventura" (moquito). Ensayo un par de pasos con la escoba pensando en Flor. ¡Cielos! ¡El número! Mejor lo grabo en mi celular: ...286, 288 ó 882 ¿Cómo empezaba? ¡Lo olvidé carajo!... Más asado que nunca seco el piso. Ya está totalmente claro afuera y empieza el desfile de personas y personitas (mi family) con prisa al baño... ¡Buenos días! (se escucha) y yo rabiando y entre dientes: !Qué tienen de buenos!. Cagué el fin de semana con Flor (el número era nuevo y ni mi hermana lo sabía). "Ahora la veré recién el Lunes cuando empiecen las clases...", pensé. Doy un par de pasos y quedo sumergido en mierda (llueve sobre cagado): ¡Gitano! ¡Perro de miércoles! ¡¿Por qué no pides caca?! ¡Carajo!.

JUEGOS MENTALES


Nos pasa a diario, que cuando vamos a decir algo y otra persona interrumpe para decir cualquier cosa (digresión), al retomar el control de la conversación, olvidamos lo que íbamos a decir (se hizo humo). Lagunas, ideas desordenadas o zancadillas de duendes verdes, llámemoslo como querramos (hoy estoy permisivo), nos juegan malas pasadas. Quedamos pensativos, con la palabra en la boca y decimos poco después: ¿Qué es lo que iba a decir? O ¡Ya me olvidé lo que iba decir! (de repente lo mejor en tu vida). Removemos nuestro cerebro, la emprendemos de palmadas contra la cabeza y frente creyendo con ello encontrar y expulsar por la boca la frase o idea extraviada...

Otro hecho similar ocurre, que cuando estando sobre la hora de salida, buscamos algún efecto personal y por más que buscamos no lo encontramos (¡Chesu!) y caemos en la tonadilla repetitiva de: "¡Pero si lo dejé aquí (alguien debe de haberlo cogido)! y ¡¿Oye no has visto mi ...?! y la respuesta (que más suena a chanza después de escucharla diez veces) de siempre: !Ya me preguntaste y te dije que NO! Volteamos la habitación, ponemos la casa y las cosas de cabeza. Volvemos a buscar y ahora el desorden hecho por nuestra propia mano se convierte en el principal obstáculo de nuestra infrutuosa búsqueda. Sólo horas después de nuestra incesante, indesmayable y detectivesca exploración caemos en el cuento que lo tenemos en el bolsillo posterior o recordamos que lo prestamos a alguien en la oficina: ¡Qué estúpido si lo tenía en mis narices todo el tiempo!...

O, en vísperas de un examen oral. Nos quemamos las pestañas, cejas y ojos estudiando y machacando la lección en cuestión. Saltamos temas que no nos parecen interesantes por desidia o flojera. Al día siguiente, la maestra te pregunta precisamente aquello que no estudiaste (que estuvo entre tus manos pero que no le diste "bolilla"). "A ver, ¿Cuál es su respuesta?" (esta pregunta taladra tu mente), "Alumno que no tenemos todo el día, ¿Estudió o no estudió?" (La pregunta retadora que exacerba tu ánimo y por dentro: CSM...Bruja de M...%&%&!). "Este..." (una palabra, buen inicio). "Tenía la respuesta en la punta de la lengua... Pero... (me la tragué) la olvidé, ¿Me podría hacer otra pregunta?". Bueno, esta no es una travesura de nuestra mente es simple y llanamente: OCIOSIDAD vista de todos los ángulos.

O abordamos la combi para ir a trabajar y dejamos la sencillera en casa, siendo expulsados del vehículo por un cobrador con pinta y modos lumpescos... Tenemos que caminar cuadras de cuadras, llegar a casa echando humo por la cabeza y todos los orificios que Dios nos dio en gracia, ¡Ah! y qué nadie se cruce en el camino pues su vida corre peligro... Todo por el maldito monedero que ahora luce radiante y feliz sobre la cómoda...

O cuando vamos al banco a hacer alguna gestión, después de hacer una cola larguísima por más de una hora, y al llegar a la ventanilla de atención reparamos que hemos olvidado el DNI. Chesus, ajos emergen de nuestras bocas y con el rabo entre las piernas tenemos que... Bueno.

O habiendo hecho realidad aquella cita tantas veces postergada con la chica de tus sueños y a la hora de decir las palabras más importantes que podrían convertirte en el hombre de sus sueños... La cabeza te da vueltas. El discurso preparado y ensayado con antelación se pierde en tu cabeza que gira como centrífuga (a 10,000 revoluciones por segundo). La temperatura corporal varía dramáticamente, en comparación de los 28 grados y el bochorno reinante, sudas frío mientras tu cara hierve. Las sonrisas idiotas te invaden, no tienes nada bueno que decir ("Adiós" caería a pelo), te sientes pequeñito, pequeñito y quedas como un tonto de capirote sin soga y sin cabra (sin ofender a las cabras... ¡Perdón! a las chicas).

Le echamos la culpa a la mala suerte (¡Qué piña!), a los duendes (¡Creo que me han echao el mal de ojo!, !Alguien me ha fumao! o ¡Necesito que me pasen el huevo o el cuy !) y nos olvidamos que siempre asumimos las cosas como fundadas e inamovibles. Somos, extremadamente confiados, desorganizados hasta la coronilla y si añadimos a ello una larga lista de problemas personales y laborales nos convertimos en entes propensos al error, a chocar con un muro para recién reaccionar (¡Golpe avisa!). Una chequeadita al pantalón antes de salir, mantener un poco de orden en nuestras casas y cosas, o confiar (criteriosamente) en nosotros mismos y en nuestras palabras no vendrían mal. Y en cuanto a los problemas, mejor olvidarnos de ellos ¿No?.

jueves, marzo 10

Somewhere Over the Rainbow

Somewhere Over the Rainbow

(Interpretada por Judy Garland. Letra de EH. Harburg y música de Harold Arlen).


When all the world is a hopeless jumble
And the raindrops tumble all around
Heaven opens a magic lane
When all the clouds darken up the skyway
There's a rainbow highway to be found
Leading from your window pane
To a place behind the sun
Just a step beyond the rain

Somewhere over the rainbow way up high
There's a land that
I've heard of once in a lullaby
Somewhere over the rainbow skies are blue
And the dreams that you dare to dream
Really do come true

Some day I'll wish upon a star
And wake up where the clouds are far behind me
Where troubles melt like lemon drops
Away above the chimney tops
That's where you'll find me

Somewhere over the rainbow blue birds fly
Birds fly over the rainbow
Why then, oh why can't I?
If happy little bluebirds fly beyond the rainbow
Why oh why can't I?




La música calma a las bestias (lo escuché, alguna vez, en la boca de un domador de grillos) pero, ¿quién o qué calma a mi alma...?

Siempre proclive al mar humor y a las pataletas (en mi etapa pueril) encontraba sosiego, calma y paz en la hermosa voz de Judy Garland. Estaba enamorado hasta el tuétano de la dulce chiquilla del Mago de Oz. También tenía un perro llamado Toto. Su voz sonaba a ángeles y el mensaje de la letra (que me costó en su momento traducir y aún ahora...) la sentía propia y directamente inspirada en lo que sentía.

Después de muchos años la vuelvo a oir y sus efectos se mantienen...

miércoles, marzo 9

NO ESTAMOS SOLOS


Muchas veces al terminar una relación, nos sentimos devastados y sin ánimo para dar un paso adelante. Los días posteriores a la ruptura resultan insufribles. El recuerdo de todo lo vivido te acosa, secuestra y conduce a un marasmo depresivo. Sentimos la soledad más profundamente.

Ahora, atravieso una experiencia similar (no igual) a lo arriba mencionado con la diferencia que no me siento solo. Si bien es cierto que la distancia física y humana con esta persona es notoria, no me siento solo. Un "cachito" de su alma quedó prendado en la mía. Espero, que tampoco se sienta sola, pues, mi alma se quedó con ella. Mi alma y mis palabras sinceras.

No me siento triste como otras veces, el recuerdo de sus palabras de consuelo me acompañarán siempre. Cierro los ojos y la imagino como el ángel de la guarda o el grillito de la conciencia. No estoy triste, pues te tengo presente. No estoy solo, un "cachito" de tu alma me acompañará de por vida (lo tomé sin que te dieras cuenta y lo atesoré en mi pecho).

No le busquemos explicaciones racionales ni emotivas. Rescatemos los mejores momentos y alimentémonos de ellos. Mañana será otro día.

martes, marzo 8

El ULTIMO VERANO

- Pero ¿Cómo se reconoce el amor bueno? -Pregunté tembloroso
- ¿Qué es el amor? Nada hay en el mundo, ni hombre ni diablo ni cosa alguna, que sea para mí tan sospechoso como el amor, pues éste penetra en el alma más que cualquier otra cosa. Nada hay que ocupe y ate más al corazón que el amor. Por eso, cuando no dispone de armas para gobernarse, el alma se hunde, por el amor, en la más honda de las ruinas.

"Pulchra sunt quae paululum supereminent et tument modice."

"O sidus clarum puellarum."

(Extractos de El Nombre de la Rosa, Umberto Eco, 1980)


(Dedicado a Alfonsina Storni en el Día de la Mujer, te amo diosa)

Camila en mi mente, en mis sueños recurrentes, en mi piel y sentidos. Hace un año que no te tengo... Como un tonto recordé tus sueños y esperanzas, los guardé en mi almohada, los mezclé con los míos y el resultado: Nostalgia.
Te amé, te amé tanto y te dejé partir (!Que ironía!). Te expectoré de mi vida y mis sentidos. Siendo Tú, mi vida y sentidos.
Buscando consuelo recalé en esta playa de aguas claras, arena blanca, que tanta paz nos regaló alguna vez, con cielo azul. Nuestras huellas siguen grabadas en la orilla y en mi alma. Nuestros largos paseos, intercambiando tiernas miradas, teniendo como fondo la belleza natural sumergida en la exquisitez de lo inmaculado, y besos nuevos.
Extrañando el roce de tus manos, el olor de tu cuerpo, tu sonrisa y labios... Despierto en la habitación, que compartimos tantos atardeceres, con las ventanas abiertas de par en par, recibiendo la brisa marina y dando el adiós a un Sol en su estertor.Y a mi lado, un cuerpo extraño, delicado, hermoso, pero, extraño. Quise olvidarte en otro cuerpo, en otro olor a mujer y tu recuerdo llegó con la fuerza de mil huracanes. Quise olvidarte en otros besos y abrazos y no pude: Tus besos y abrazos quedaron marcados como con fuego. Busque amar a alguien más, perderme en su sexo y apareciste en mi mente una vez más.
El "te amo" en tus labios sonaba más tierno. Nuestras noches de pasión eran largas, eternas, sintiéndote parte de mi ser y totalmente mía. Bebía de tus pechos la miel del deseo, mientras, mis dedos se perdían en tus montes y selvas. Agradecí a Dios el haberte conocido y lo maldije al perderte... Nuestras sombras jugaban a fundirse en la penumbra. Arrobados, totalmente entregados a una comunicación, sin palabras ni códigos, de amor y placer: Todo en uno. Sintiendo tu pecho pequeño contra el mío. Cabalgando en tu vientre, sintiendo tus gemidos y tus uñas arrancándome la espalda. Atado a tus cabellos, devorando tu cuello, besando tu espalda y hombros desnudos, penetrando tus vacíos. Sofocándonos, sintiendo tu piel por dentro y el fuego de tus entrañas... Mis hombros perdidos entre tus piernas y tus labios en los míos... Explotando al final, en un goce indescriptible sólo comparable al canto de una sirena, al nacer y al morir...
Camila te amo y no vivo sin tí. Te busco sumergido en un mar embravecido, con olas golpeando mi pecho y sentidos. Perdiendo mis fuerzas me dejo llevar a sus entrañas, mientras, oigo el canto de una sirena y veo tu sonrisa plasmada en la Luna. Vuelo a Tí, al lugar donde no existe el mañana ni el después.

ROSA EN INVIERNO

Te recuerdo así, tu pelo en libertad
hielo ardiente, diferente a las demás
te recuerdo así, dejándote admirar
intocable, inaccesible, irreal



Fría como el viento, peligrosa como el mar
dulce como un beso, no te dejas amar
no sé si te tengo
no sé si vienes o te vas
eres como un potro sin domar...



Te recuerdo así,
jugando a enamorar
vanidosa, caprichosa, ideal ...
Te recuerdo así, amando sin amar
impasible, imposible de alcanzar
.




Alguna vez, hemos creído tocar el cielo con las manos, elevarnos a alturas inconmensurables y caer de golpe a una realidad dura, pero, realidad al fin. Resulta innegable que nos pasa a todos en cualquier etapa de nuestra vida. Tratamos de mantener el control de las cosas, tomarlo con calma pero el sentimiento juega a nuestras espaldas y perdemos control, calma y sentido. Convirtiéndonos en un mar de errores, desaciertos que nos conducen irremediablemente al fin. No hablo de amor o amistad, hablo de lo abstracto y confuso de nuestros sentimientos. El sentimiento que no se puede expresar con palabras, pues, no existe una definición humana para describirlo. Sólo está ahí, puedes sentirlo, pero, resulta tan frágil como una rosa en invierno.